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Sólo para villamelones

  • Manuel Naredo

La llamada “Corrida Picassiana”, en el marco de la feria taurina de Málaga, a celebrarse el próximo día diecisiete de este mes, a más de haber causado ya una enorme expectación desde su anuncio, representa un ejemplo de lo que puede hacerse, sin demeritar lo que de rito tiene el toreo, en beneficio del espectáculo taurino.

Y es que a la par de esta corrida, en la que se rinde homenaje al representante más importante del cubismo, se llevará a escena todo un espectáculo musical, ideado por Enrique Ponce, al que se ha bautizado como “Crisol”, y que pretende utilizar, en esta concreta ocasión, como acompañante de las faenas, música clásica, ópera y hasta las bandas sonoras de conocidas películas.

En el ámbito taurino partirá plaza el mismo diestro de Chiva en un interesante mano a mano con Javier Conde, el torero de la tierra, mientras que la parte musical, dirigida por Guillaume François, estará a cargo de las voces de Pitingo, Alba Chantar, y sobre todo, Estrella Morente, quien por cierto es esposa de Conde.

Los seis toros a lidiarse procederán de las ganaderías de Juan Pedro Domecq, Daniel Ruiz y Albareal, mientras que la escenografía que le dará especial color y ambiente a la prestigiada plaza “La Malagueta”, correrá a cargo del artista plástico Loren Pellatier.

Y si bien no se trata de algo que no se hubiese hecho nunca, pues el propio Ponce interpretó alguna faena el año pasado acompañado por música clásica y hasta vestido con esmoquin, el acontecimiento no deja de llamar la atención, de producir una curiosidad nueva, y de revitalizar una Fiesta que, a veces, puede pecar de repetitiva.

Muchas son las ideas que de pronto surgen para darle a la tauromaquia una nueva versión, pero ésta en particular parece gozar de la simpatía de los taurinos de mayor cepa, porque no toca los valores medulares del toreo, ni desdibuja las características esenciales de un rito de siglos; sólo le da una nueva vida, le ofrece un acompañamiento distinto y de singular atractivo.

Y es que Enrique Ponce, afortunadamente, no se ha limitado a mantenerse como una de las figuras más importantes de la baraja taurina mundial, sino que también ha pretendido, con iniciativas como ésta, darle lustre a ese carácter y propiciar mejores condiciones para el mundo del que forma parte protagónica.

Habrá que esperar los resultados taurinos y artísticos de esta tarde-noche de toros en Málaga. Acaso, gracias a la iniciativa de un hombre que mira más allá de su trabajo en el ruedo, estamos en los inicios de una nueva etapa en la historia del toreo, donde las artes podrán estar más presentes y le adicionarán atractivo para un público que, pese a los ataques que abundan en estos tiempos, se mantiene firme y fiel a una costumbre que forma parte de la esencia de varios pueblos.