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Sólo para villamelones

  • Manuel Naredo

Las buenas noticias siempre son gratas. Y doblemente agradables cuando el entorno es hostil, o al menos con corriente en contra, como lo es, en estos tiempos que vivimos, en relación con una denostada y cada vez más perseguida Tauromaquia.

Y esta semana se presentaron, en el mundo del toro, varias buenas noticias.

Una de ellas fue la esperanzadora presencia de un encierro de Victorino Martín en Ciudad Real, durante una corrida de feria en esa ciudad manchega, donde partieron plaza tres especialistas en corridas “duras”: Paco Ureña, Daniel Luque y Fernando Tendero.

El encierro fue un desfile de toros bravos, y con ello lo digo todo. Pareciera una perogrullada hablar de toros bravos en la fiesta brava, pero para quienes estamos al tanto de su desarrollo, sabemos bien que la bravura no es una característica en boga en estos días donde las figuras gustan del toro cómodo, repetidor y con las menos complicaciones posibles.

La de Victorino en Ciudad Real, fue, efectivamente, una corrida de toros bravos, con presencia y con raza, que obligaron a sus lidiadores a ajustarse a sus características, a lidiarlos con efectividad y sacarles lo mucho que por dentro traían. El resultado: cinco orejas, el entusiasmo de la afición y un derroche de comentarios esperanzadores en las redes sociales.

Y sí, es que la esperanza del toro bravo, nunca como ahora, nos reconforta y nos reencuentra con la esencia de esta Fiesta, acostumbrada, a ratos y por desgracia, a la banalidad y hasta la mentira.

La otra buena noticia tiene que ver con un torero mexicano: Luis David Adame, cuya excelente temporada novilleril no había sido justamente recompensada por la empresa de Madrid, pues no figuró, como hubiese sido lo natural, en los carteles de la feria más importante del mundo, la de San Isidro.

Todo parecía indicar que la del hermano menor de Joselito iba a ser una temporada europea caracterizada por el silencio y el desencanto, hasta que llegó la feria de San Sebastián y apenas una corrida, con reses de El Parralejo, donde se le anunció con su hermano y López Simón; ahí cortó dos orejas y se alzó con un triunfo que lo llevaría, esta semana, a ser considerado el ganador de la Concha de Oro (único mexicano de la historia en lograrlo).

Y esta semana también, las buenas, necesarias y justas noticias: Luis David fue anunciado para participar en la Feria de Otoño madrileña, donde matará junto a Antonio Ferrera y Sebastián Castella un encierro de Núñez del Cuvillo (ese que lidian las figuras españolas), y fue incluido, substituyendo al recientemente retirado Morante de la Puebla, en Palencia, ni más ni menos que con El Juli y Roca Rey en el cartel, para lidiar reses de Zalduendo.

Finalmente, la siempre alentadora noticia de dos grandes faenas, que desembocaron en sendos indultos, en una misma semana y con un mismo torero: el maestro de Chiva, Enrique Ponce.

El valenciano lo hizo primero en la llamada “Corrida Picassiana” de Málaga, donde bordó a un toro de Juan Pedro Domecq (Jaraíz de nombre y con 554 kilos sobre los lomos), y luego, apenas el domingo anterior, también en Ciudad Real, con un burel de Daniel Ruiz al que nombraron Juguetón.

Mucho se podrá discutir sobre las formas de torear de Ponce, al que todavía hay quien le escatima méritos, y mucho también sobre si ambos toros merecían el indulto, pues en España también hay plazas con suavidad extrema en cuanto a premios se refiere, pero que haya sucedido habla de que algo está pasando con la sólida destreza del torero; de que estamos ante una figura indiscutible y de época.

En fin, que las buenas noticias también se dan en el mundo del toro. Buenas noticias de las que siempre estaremos ávidos en un ambiente cada vez más adverso.