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Sólo para villamelones

  • Manuel Naredo

 

El pasado ocho de octubre, en la comunidad toledana de Illescas y tras la lidia que del él hizo el torero Gómez del Pilar, el toro “Platónico” fue indultado. La interesante es que se trató del tercer perdón esta misma temporada de una res proveniente de la ganadería de Victorino Martín, y el número doce que merece esta distinción del mismo hierro.

Esta misma temporada 2016, la plaza de la Real Maestranza de Caballería, en Sevilla, había sido testigo del impresionante comportamiento de “Cobradiezmos” frente al capote y la muleta de Manuel Escribano, y luego, el Calasparra el 30 de julio, “Plebeyo” se había mostrado ante los engaños de Curro Díaz. Tres Victorinos que se sumaron a otros nueve con el merecimiento del indulto y que vinieron a engrosar las listas de los toros bravos premiados así en la historia del toreo.

Como si eso fuera poco, habría que señalar que otros seis bureles de Victorino Martín fueron tan bravos, también esta temporada, como para merecer su despojos el recorrido de la vuelta al ruedo, desde Valla´D Alba hasta el propio Illescas esa misma tarde triunfal del ocho de octubre pasado.

Son número fáciles, pero no sencillos, para una sufrida ganadería, catalogada como “dura” en España; de toros generalmente complicados, de raza y de instinto fiero, aunque en términos generales no suelan ser de grandes dimensiones ni de trapío admirable.

La vida de esta interesante ganadería es tan apasionante como la de su propio ganadero, quien le da nombre. Victorino Martín Andrés, originario de la comunidad madrileña de Galapagar –como José Tomás-, perdió a su padre en la Guerra Civil Española cuando era un niño, y desde entonces se volvió un hombre de trabajo, atendiendo primero la tienda que en el pueblo tenía su familia, luego las  carnicerías que creó, y después el desarrollo de la compra de ganado para la realización de festejos populares.

Con el tiempo Marín se hizo ganadero y ello casi le cuesta la vida, cuando en 1968 un semental de su ganadería, “Hospiciano” de nombre, lo puso al borde de la muerte al propinarle nueve cornadas. Salió de tan apurado trance meses después para convertirse en el hacedor de esta ganadería de reses bravas que hoy, teniendo él ya 87 años, llevan su hijo Victorino y su nieta Pilar, en la finca de Las Tiesas.

A mí me parece impresionante lo que Victorino ha hecho con esta ganadería, y también impresionante el amor, el celo y la dedicación de sus descendientes, infundidos por esa pasión por la cría y el cuidado de reses bravas.

Pese a haber recibido reconocimientos tan importantes como el Premio de la Cultura de la Comunidad de Madrid, o la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo, estoy seguro que el mejor de los premios para Victorino Martín ha sido, y sigue siendo, el desempeño de sus toros en el ruedo. Unos toros que muchas veces han sido despreciados por las grandes figuras, pero que han demostrado con creces su valía brava.

Así lo pueden confirmar quienes han tenido la oportunidad de lidiar alguno de los toros de esta dehesa  indultados, desde Ortega Cano o Curro Díaz, que lo han vivido hasta en dos ocasiones, que Urdiales, Padilla, Liria, Ferrera, Ureña, Aguilar, Fernández, y sobre todo Manuel Escribano, a quien tocó en suerte Cobradiezmos, ese toro de bandera, inolvidable, que saltó a la dorada arena de Sevilla en abril pasado.

Sólo esta temporada, como digo, tres indultos y seis vueltas al ruedo. Se dice fácil, pero eso en España es una hazaña de dimensiones insospechadas.