imagotipo

Sólo para villamelones

  • Manuel Naredo

Tiene apenas veinte años, los últimos ocho de los cuales ha estado lejos, muy lejos, de la tierra que lo vio nacer. Ayer se dio el anuncio de uno de los momentos más trascendentes que le tocará vivir en la profesión que eligió para dedicarle la vida.

Leonardo Valadez, a quien todos conocen como Leo, nació el 19 de febrero de 1997 en la capital de Aguascalientes, tierra de toreros, donde desde muy pequeño se inscribió en su Escuela Taurina, pero un día, a los doce años de edad apenas, cruzó el Atlántico para enrolarse en la de Arganda del Rey, de la Fundación El Juli.

Admirador de David Silveti y de Manolo Martínez, a quien ha visto constantemente en videos, pronto empezó a forjar su propia historia taurina, primero como alumno distinguido, que lo llevó a alcanzar la beca del Centro Internacional de Tauromaquia y Alto Rendimiento, el CITAR, y para alzarse con el triunfo del Segundo Certamen de Escuelas de Tauromaquia de la Comunidad de Madrid. Luego, con el paso firme, debutó sin picadores a mediados del 2013.

Una fecha marcaría, sin duda, su devenir profesional. Fue la de su debut con caballos, en el marco de la Feria de Fallas del 2015, en Valencia. Ahí le cortó una oreja a un novillo de López Gibaja de nombre “Ajorcado”.

Y vendrían muchos más triunfos que lo catapultarían pronto a ocupar las primeras posiciones en el escalafón novilleril europeo: Olivenza, Dax, Íscar, y sobre todo, Nimes, Istres y la misma Valencia, donde saldría a hombros por la puerta grande.

Leo Valadez, quien fue programado también en la Feria de San Isidro madrileña, la más importante del mundo, ha sido el primer mexicano en obtener el Zapato de Oro al triunfador al serial novilleril de la taurinísima población riojana de Arnedo.

Curioso fue, por cierto, que en la ceremonia de premiación, presidida por el Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja, tuviera que habérsele entregado una reproducción del famoso zapato, pues el original había sido robado de la joyería barcelonesa donde se elaboró, aunque obviamente, se le debió entregar posteriormente esa pieza original, valuada en unos seis mil setecientos euros.

Apenas ayer, al darse a conocer los carteles de la Feria del Pilar, en Zaragoza, el último de los seriales importantes de la temporada española, se supo que el hidrocálido Valadez tomará precisamente ahí la categoría de matador de toros. Lo hará, según se dio a conocer, el próximo diez de octubre, teniendo como padrino a su paisano Joselito Adame, y como testigo a José Garrido, de cercanías también con la capital aguascalentense. Los toros a lidiarse esa tarde serán de la ganadería de Fuente Ymbro, nada desconocida para el aún novillero, quien ha alcanzado ya con ella algún triunfo importante.

“Sueño con ser la figura que México espera” ha dicho en alguna entrevista Leo Valadez, uno de los representantes de esa nueva y esperanzadora generación de jóvenes toreros mexicanos. Habrá que seguirle la pista, pues seguramente empezará a ser anunciado en diversas plazas de este su país natal. Seremos testigos de ese su andar en pos del sueño acariciado: el de ser la figura que México espera.