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Sólo para villamelones

  • Manuel Naredo

Se llama Peter Janssen, es holandés y vive en Mérida, en España.

Desde hace unos años se ha dedicado a saltar, como inusual espontáneo, a los ruedos de las plazas de toros, con el torso desnudo y pintado de consignas anti taurinas, para abrazar a algún burel que apenas habría doblado tras su lidia.

Salta, como digo, sin la camisa que se arranca apenas antes en el tendido, hasta donde llega pagando un boleto de entrada; generalmente porta algún cartelito alusivo y corre por la arena, aprovechando la sorpresa y lo inesperado de su presencia en esos terrenos. Suele llevar también, a modo de uniforme y utensilio de trabajo, una de esas protecciones que algunos porteros europeos utilizan para guarecer los tres palos de su portería. Siempre porta igualmente tenis cómodos, para correr lo suficiente como para llegar al toro y abrazar su cuerpo inerte.

Janssen se ha tirado de espontáneo, con el mismo propósito y casi idéntico modus operandi, en las plazas españolas de Mérida, donde vive, Pamplona, Mallorca, Burgos, Sevilla o Marbella, escogiendo el momento en el que alguna figura ha pasaportado al toro que le tocó en suerte. Dícese que el diestro preferido para realizar su espectáculo es Alejandro Talavante, pero también Enrique Ponce o Morante de la Puebla han sido escogidos para sus propósitos.

Casi siempre lo que acontece en el ruedo es lo mismo: el salto inesperado de Janssen, su corrida hasta el cuerpo del toro, la persecución que le hacen subalternos y gente del callejón, su inmovilización y su posterior traslado, por parte de la policía, a la cárcel, de la que sale en cuestión de horas tras pagar una multa.

No conforme con su fama europea, alimentada por él mismo a través de las redes sociales, el holandés decidió, a principios de este mismo año, llevar a escena sus incursiones taurinas en cosos mexicanos, así que se montó en un avión, se pagó su estancia en nuestro país, y saltó al ruedo en la Plaza La Luz, de León, y en la mismísima Santa María queretana, donde apareció de la nada tras la lidia de Enrique Ponce a su primer toro en aquella recordada corrida nocturna que celebraba el aniversario número cien de la promulgación de nuestra Constitución.

Apenas ayer martes, Peter quiso hacer lo mismo en Logroño, durante la primera corrida de la Feria de San Mateo. Compró su entrada para los tendidos y escogió justo el momento para lanzarse al ruedo: a la conclusión de la lidia del toro de Jandilla que le correspondía, en su primer turno, a su torero predilecto: Alejandro Talavante.

Pero las cosas no le empezaron a ir bien desde antes de ello, pues una aficionada lo reconoció, pese a que portaba un sombrerito para disimular su personalidad. La mujer fue hasta él, le dijo que sabía quién era, lo grabó con su teléfono celular y lo tupió a insultos. Janssen disimuló, fingió no entender lo que la furibunda mujer decía, pero aquello alertó a más espectadores de los alrededores. Así, cuando el holandés se despojó de su camisa y sombrero e intentó acercarse a la primera barrera para el salto, le cayeron encima tres hombres y dos mujeres. Los varones lo inmovilizaron y las mujeres le pegaron buenos jalones a su cabellera rubia. Luego vendría la policía y se lo llevaría sin necesidad de bajar al ruedo.

Dicen que a Peter Janssen le financian sus actividades una organización holandesa que se llama Vegan Streaker Group, quien tiene suficientes recursos como pagar los costos de las entradas a los toros, las multas, los viajes por España, y hasta los trasatlánticos.

Como sea, ayer en Logroño le ganaron la partida, y los aficionados, al fin, le echaron mano. Talavante parecía agradecerlo con una especial sonrisa mientras paseaba la primera de las dos orejas que cortó durante el festejo.