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Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

Nacieron apenas con dos meses de diferencia. Uno en la capital de Aguascalientes y otro en la de Querétaro, ciudades ambas con una carga taurina evidente, aunque la primera con una mayor tradición en generar matadores de toros.

Y los dos, tanto Joselito Adame como Octavio García, fueron abriendo brecha en el mundo del toro. Joselito con antecedentes familiares que vienen desde aquel famoso Efrén Adame, el llamado “cordobés mexicano”; Octavio, quien heredó el apodo de su padre, miembro de una larga y conocida familia queretana de toda la vida. El Payo, como todos lo conocen, tenía acaso un único antecedente taurino en la familia de su madre, sobrina del constructor y empresario de la Plaza Santa María.

Adame y el Payo son dos toreros diferentes, pese a haber abrevado de conocimientos similares y haberse conocido desde que eran apenas unos niños. Cada uno tiene una forma personal de ver el toreo, de enfrentarse a ese fiero animal que representa el triunfo o el fracaso cada tarde.

Joselito, tras campaña novilleril europea tomó la alternativa en Francia, concretamente en Arles, un año antes que El Payo, quien lo hizo en Pachuca. El primero con El Juli como padrino, el francés Juan Bautista como testigo y ganado de Antonio Bañuelos; el segundo con Morante de la Puebla dándole los trastos, Garibay y Castella como testigos, y toros de don Fernando de la Mora, ganadería que a la postre se convertiría en la preferida del joven torero.

El queretano llegó apenas un mes antes que el hidrocálido, cuando empezaba el 2009, a su confirmación en la México de la capital del país, y con dos años de anticipación a la catedral mundial del toreo, la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid.

Sin embargo, y en esto la suerte juega un papel fundamental, Joselito se ha ido convirtiendo, en base a sus actuaciones en las más recientes campañas españolas, en el torero mexicano más importante del momento; en el más contratado y el más respetado entre el difícil, complicado, mercado taurino europeo.

Justo este año, cuando después de desechar las dos tardes que la empresa de Madrid le ofrecía para la feria de San Isidro y todos suponíamos la debacle, Adame firmó unas cuantas corridas, aprovechó la oportunidad que se le brindaron por percances a otros toreros, y se alzó con el triunfo, una tarde y otra también, manteniendo el estatus que había ganado con tanto sacrificio en años anteriores. En esta difícil campaña española, Joselito demostró con creces que tiene una actitud inquebrantable y los tamaños para seguir siendo figura.

El Payo, por su parte, no ha corrido con tan buena suerte. En este 2016 regresaba a San Isidro con la esperanza puesta en un único festejo, y éste se canceló por la tormenta que cayó minutos antes, así que tuvo que conformarse con una temporada intensa y triunfal de una decena de festejos, pero en plazas de poca repercusión en el máximo circuito de la tauromaquia mundial.

Este viernes, en la queretana plaza Santa María, Joselito y El Payo vuelven a verse las caras. Lo hacen para lidiar un encierro de Begoña, que puede, en el papel, ser una garantía. Será sin duda una noche de toros interesante. Ahí, en el ruedo y frente al toro, quizá podamos ver sus mejores versiones. Que así sea.