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Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

Muchas cosas podrán decirse del proceso de transición en la dirección de la plaza de toros más grande del mundo, la México, menos que esté siendo aburrido. Una buena cantidad de sorpresas han estado sacando de la chistera, cual si se tratara de conejos multicolores, los nuevos empresarios del embudo de Insurgentes, Alberto Bailleres y Xavier Sordo.

Una temporada novilleril, con festejos sin picadores incluidos, con características, en cuanto a carteles y presentación de ganado, que no se había visto en muchos años; pintura y remozamiento general; temporada grande que incluye, en su primera parte, corridas también en sábados y hasta en viernes; carteles con mayoría de extranjeros… Y también nuevos precios de entrada.

Nadie puede negar que la temporada va a estar interesante, al menos por lo que en el papel promete: Los jóvenes Rivera, Flores y Garrido en un cartel; El Payo como primer espada en otro; Joselito Adame en solitario; y una feria, la Guadalupana, con cuatro corridas en días consecutivos. Además, claro, de la presencia de figuras como Morante, Zotoluco, Talavante, Manzanares, Castella; y jóvenes con las dimensiones o el atractivo de Roca Rey o Luis David Adame y Ginés Marín.

También hay ausencias significativas, claro. No están ni el Cejas, ni Garibay, triunfador de la temporada anterior; ni José Mauricio, otrora consentido de la plaza. Y también brillan las ausencias de españoles emblemáticos, como El Juli o Ponce, o un triunfador indiscutible de las plazas mexicanas: Daniel Luque.

¿Cuáles son los pros y los contras de esta imaginativa etapa? ¿Cuáles son las reflexiones que pueden sacarse ante tantos y tan variados conejos salidos del sombrero de copa de don Alberto y de don Xavier?

A favor, sin lugar a dudas, es de apuntarse el deseo de hacer las cosas de manera diferente y tratar de sacudir el aletargamiento en el que había caído, por desgracia, la plaza más importante del país. Es de agradecerse el que se piense en los nuevos valores y se les programe en una serie de novilladas interesantes, con ganado bien presentado, aún a riesgo de perder económicamente, como seguramente pasó.

El arriesgarse también a plantear festejos en días y horarios poco explorados habla de un legítimo intento por revitalizar la fiesta brava y apostar por el interés de una afición suficiente como para acudir a la México en tiempos de dificultades y en momentos a los que no estaba acostumbrada.

Sin embargo, pese a que siempre he pensado que la nacionalidad no debe de importar demasiado al momento de anunciar un cartel, lo cierto es que también es de llamar la atención que una asociación otrora tan combativa como la de matadores y novilleros cierre los ojos ante la abundancia de espadas extranjeros, considerando que un español de más viene a ser una mexicano de menos, sobre todo de esos muchos toreros connacionales que tocan puertas insistentemente y no han logrado, pese a su calidad, tener oportunidades suficientes.

Claro que Luis David Adame, tras su impresionante campaña novilleril europea, merece dos tardes en la México, ¿pero no merecía al menos una Ignacio Garibay, después de sus reiterados triunfos en ruedos nacionales, incluida esa misma plaza? Nadie niega la calidad de Morante, de Castella, de Manzanares y de Talavante, ¿pero esta calidad amerita que conformen carteles hasta en dos ocasiones haciendo mayoría? ¿O se imagina siquiera, estimado lector, un cartel en Las Ventas madrileñas conformado por dos mexicanos y un español? Simplemente es impensable, y las dos plazas, en su debida proporción, son catedrales del toreo.

Para casi nadie es ignorada la triste circunstancia de que los diestros españoles imponen condiciones en ruedos nacionales, pero al menos antes había una asociación gremial que obligaba la mayoría mexicana en los carteles. Hoy esa asociación parece un sindicato de esos que llaman blancos; tan blanco como su insípido sabor y su nula capacidad de lucha.