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Somalia y Afganistán

  • Rodrigo Chávez Fierro

@chavezfierro

No son potencias económicas, ni destinos turísticos. Pero estos países sufren como ningún país europeo los ataques del terrorismo islámico. La semana pasada en Mogadiscio, capital de Somalia se registró el peor atentado en la historia del país. El saldo: 358 muertos, 228 heridos y 56 desaparecidos. Al Shabab, la organización terrorista que en 2012 se afilió a Al Qaeda y que controla parte del centro y sur del país, fue la responsable del ataque. El grupo terrorista pretende instaurar un Estado islámico de orientación wahabí y está integrado por más de 7,000 combatientes. Las explosiones tuvieron lugar en una de las zonas más concurridas de la ciudad.

No se trata del único atentado en el país africano. Con el de la semana pasada suman más de 70 atentados terroristas en el año. Al Shabab lleva desde 2006 una campaña terrorista en el país. Somalia ha estado sumida por décadas en la inestabilidad y la falta de capacidad de su gobierno por controlar el territorio.

El grupo terrorista venía perdiendo buena parte de las regiones que controlaba derivado de las operaciones de la Unión Africana y Estados Unidos. Pero si bien es cierto, el grupo ha visto reducidas la magnitud de sus acciones; sigue siendo eficiente en guerras de desgaste en contra del ejército somalí. Para llevar a cabo el atentado en Mogadiscio se estima que el grupo terrorista contó con la ayuda de la rama de Al Qaeda en Yemen.

En un inicio, la cobertura del atentado no fue tan llamativa pero en la medida que aumentaba el número de víctimas atrajo el foco mediático y la atención de las redes sociales, con lo que se diferencia la atención que se le dan a los atentados en ciudades europeas que con menor número de víctimas genera más la atención de los medios. Para que casos como el atentado de esta naturaleza en suelo africano cobre relevancia fue necesaria la magnitud de la tragedia ocurrida.

En tanto en Afganistán, la semana pasada significó la más violenta en la historia reciente del país, con más de 220 civiles y miembros de las fuerzas de seguridad que murieron en diferentes atentados terroristas a lo largo de la semana, dejando ver la debilidad de los servicios de inteligencia y de seguridad del país cuyo gobierno tampoco es capaz de controlar la totalidad de su territorio.

Uno de los ataques ocurridos en la semana anterior fue posible gracias a vehículos blindados que habían sido robados previamente al ejército afgano y fueron usados por los talibanes para efectuar atentados contra bases militares en todo el país.

Salvo el miércoles, toda la semana estuvo marcada por actos terroristas en Afganistán. El lunes, un atentado terminó con la vida de 33 personas, dejando a 58 heridos en la localidad de Andar. El martes, 50 militares y civiles perdieron la vida en un ataque a la sede de la policía en Paktia, con 150 heridos. Para el jueves, 43 militares fallecieron en Kandahar.

El viernes, día sagrado del Islam y cuando se dan las mayores concentraciones en las mezquitas por todo el mundo, se registraron ataques en la capital Kabul y en Ghor, matando a 80 personas e hiriendo a 55. La violencia no terminó y el sábado 15 cadetes de una academia militar también en la capital, perdieron la vida en otro atentado.

Las víctimas, sean europeas, africanas, cristianas, musulmanas, caucásicos, árabes o el adjetivo que sea, tienen la misma importancia. Lamentablemente la cotidianeidad de lo ocurrido en Somalia y Afganistán vuelve irrelevante en algunos casos lo sucedido. El reto para construir un Estado capaz de garantizar la seguridad de sus individuos en esas latitudes es mayúsculo. Entender el fenómeno del terrorismo y las condiciones que lo generan, también.

Correo electrónico: rodrigo@chavezfierro.com

www.chavezfierro.com

Miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi)