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Tierra Adentro — Una realidad aparte

  • Víctor M. Sánchez Bandala

Recién se observa, se acrecienta la polémica social por el presunto incremento en los niveles de inseguridad y delincuencia a lo largo y ancho del territorio queretano, incluyendo obviamente la región serrana.

Si bien es cierto, en Querétaro la situación en este tema, en comparación con otras entidades del país, a nivel estatal francamente “estamos en la gloria”, sin embargo, es innegable que, no de ahora sino de al menos dos sexenios hacía a tras el tema va avanzando inexorablemente. Querer “tapar el sol” con un dedo, resulta francamente complicado e incomprensible.

Datos duros, esos que ofrecen las instituciones del sector, no solo muestran un claro asenso de los índices de robos, asaltos, homicidios y hechos delictivos, sino que además demuestran que las autoridades sin verdaderamente incapaces, ya no digamos de frenar, sino de responder con prontitud y eficiencia su responsabilidad, dígase Fiscalía General de Justicia del Estado. A no ser por supuesto casos aislados o muy evidentes donde se involucran gentes o sectores de alto rango político y social.

Si bien es cierto, la percepción social sobre delincuencia e inseguridad es la de mayor preocupación, las cifras y datos son elocuentes, de acuerdo a información institucional, como se ha hecho público en distintas formas.

La negación de que se vive y sobre vive bajo el temor, como lo se ha manifestado a nivel estatal por parte del mandatario estatal, sin duda alguna, causa y con toda razón más indignación si al menos se admitiría lo que es evidente.

Porque si bien, y eso es cierto, las admiración estatal y municipales (no todas) ha y están haciendo un serio esfuerzo por atender el tema, a través de acciones y recursos para atender el problema, la verdad es que la delincuencia e inseguridad esta “imparable”, obvio, por diversos motivos que tienen que ver más con un sistema decadente y rebasado por la problemática social.

Incluso, cualquier cifra oficial es enormemente más baja que la realidad, debido precisamente al sentir generalizado de incapacidad de las autoridades de procuración de justicia y por leyes que han sido avaladas por una legislación cada vez más insensible y decadente, bajo argumentos “humanistas” y de derechos humanos.

Acá en la región serrana, por ejemplo, en los cuatro municipios del norte del estado, los robos a casa habitación y homicidas (por diversos motivos, muchos tienen que ver por el abuso en el consumo de bebidas embriagantes), son parte del día con día, aunque las estadísticas no los registren, precisamente por la desconfianza social y generalizada que existe en contra las autoridades de brindar justicia.

Ante este panorama, es importante que nuestros gobernantes asuman la realidad como algo, que, si bien no es totalmente su culpa, dado que ellos no son los generadores de la inseguridad y delincuencia, si al menos deben mostrase sensatos y honestos ante lo que como se hace mención, “no se puede tapar el sol con un dedo”.