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Triunfos sofocados

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

En esta jornada electoral del 2017 no encontramos la explosión de júbilo espontáneo que se suele expresar cuando ocurre un triunfo genuino. La fiesta de la gente no se vio en los reportes de quienes cubrieron el evento. ¿Cuál es la explicación a esta conducta? Los resultados obtenidos han sido producto de una maquinaria de los operadores del voto. No de una acción social que emerge para consolidar a su partido o buscar una alternancia. El electorado sigue estando manipulado debido a su analfabetismo electoral y su desdén por la democracia. No es ignorancia, sino preferencia por actividades que ayuden a paliar su paupérrima economía. Que, sin saberlo, es producto de las políticas que los partidos que le demandan su voto y con promesas de un estado de vida mejor, viven en la opulencia y el despilfarro.

¿Cuál fue la causa de la ausencia de los festejos masivos? La información que se tiene es que hubo una intensiva compra de votos y de clientelismo electoral en gran parte de la población votante por parte de los organismos de operación política del gobierno en el poder. Ante tales situaciones, vemos que los operadores políticos no lograron transmitir la mística de su candidato ni la propaganda de su candidato. –Esto parece una obviedad, pero en México, esa realidad es diferente-  Ante tal escenario, llegamos a observar el voto mercenario que no hace tan factible la expresión de júbilo por el triunfo. Quizás yo haya sido muy radical y poco sensible al señalar que hay un voto “mercenario”, pero es factible encontrarlo y controlarlo ante un escenario de pobreza y marginación de la masa de votantes. Luego entonces, los electores del Estado de México (como los de muchas otras entidades del país), están trastocados por la pobreza y la falta de atención de los programas de salud y de recreación o cultura, por ejemplo.

La cuestión es que miles de personas fueron seducidas cuando se les entregaron  las tarjetas bancarias con cierta cantidad en efectivo se repartieron para presionarlos para votar por el candidato  que les encargaron. Niemi y Weisberg (2010), unos investigadores y autores de libros sobre el tema del voto, señalan  que las campañas electorales funcionan como agentes de información. La cuestión que quiero discutir es el creciente campo de contaminación de los ciudadanos cuando participan en una jornada electoral. Así, no hay forma de conocer la realidad tanto antes como después de haber ejercido el voto y con sus consecuencias. En resumen, los triunfos electorales en México, son sofocados y acallados porque sus votantes en una gran parte han sido coaccionados mediante la compra del voto, o atemorizados con campañas de odio hacia el contrincante. Con esto, vemos que la democracia está lejos de consolidarse  en México. Si se empieza con esas prácticas, lejos estará el gobierno en turno de construir un gobierno fuerte y sólido para enfrentar los problemas sociales que le aquejan, sin tener el respaldo de la comunidad.

Los partidos se distraen fácilmente de su función principal que es la de proveer de los mejores elementos que serán en consecuencia los mejores servidores públicos, para que pongan en funciones la plataforma partidista que han construido como derrotero de su ideario. Si decimos que el dinosaurio sigue ahí, es porque gran parte de la sociedad aún no está en condiciones de ser un electorado que puede construir la democracia. El partido en el poder se regocija  que así sea, y le aportará a mantener esa condición. A menos que la mayoría algún día se decida a cambiar de raíz a los históricos gobernantes.

@manuelbasaldua