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Trump, revolucionario

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

La reciente contienda electoral estadounidense nos ha traído varias lecciones que debemos asimilar y aprender. Una de ellas es que la democracia en términos ideales promete una sociedad mejor, pero en términos prácticos produce insatisfacciones generalizadas y no deja contentos a todos. Una más, nos sugiere que la política es un juego de engaños en donde los participantes tienen conocimiento de las reglas, pero las que operan a final de cuentas son las no escritas sin que se puedan modificar sus consecuencias. Y finalmente, la democracia siempre le dará el triunfo al candidato menos indicado, menos capacitado, menos popular y el que menos votos genuinos haya logrado.

Los sistemas electorales y la estructura de la democracia son como un cuerno de la abundancia al revés. No nos brinda nada y les da cabida a todos para entorpecer nuestro presente y futuro. Y lo más pernicioso de todo, nos acuna en la ilusión temporal en cada periodo de votaciones de haber encontrado al hombre perfecto (o mujer perfecta, si lo prefieren) para ocupar el liderazgo de algo.

En esa ilusión que nos atolondra cada cierto periodo, destaca una esperanza o una figura mítica revolucionaria. Y en esta coyuntura, con esas imperfecciones que tiene ese sistema ideal emergió Donald Trump. Se preguntarán si realmente digo en serio que Trump es revolucionario? Yo sostengo mi aseveración. Porque ese señor ha logrado lo que otros no han podido. Por ejemplo, Bernie Sanders, en su campaña como precandidato del partido demócrata, todo un socialista serio y bien preparado no logro levantar a las masas ni a emocionar a los millenials, ni mucho menos a los correligionarios socialistas. Trump ha provocado que salgan a la calle miles de estadounidenses, que nos hacen saber que también existe “pueblo” en ese país.  Con sus posturas de odio, su xenofobia y su política antiinmigrante ha unido más de la mitad del mundo, particularmente a Latinoamérica, pero sobre todo a los mexicanos porque nos pondrá a prueba al cerrarnos sus fronteras.

Nos ha despertado de ese letargo impuesto por los demócratas norteamericanos. Con ellos nos habíamos acostumbrado a un dulce yugo para hacer tolerable una política de exclusión y política antiinmigrante, con Obama no fueron tres horrorosos millones de expulsados que los que promete Trump, sino un discreto millón de deportados. Los demócratas también habían sido tolerantes al recibir a más de una decena de migrantes producidos por la falta de creatividad y voluntad política para generarles empleos  y brindarles servicios básicos y una mejor calidad de vida. Aceptamos hipócritamente ser su “patio trasero” en un intercambio económico totalmente desventajoso para nosotros al que le llamamos Tratado de Libre Comercio. Si Trump impone los altos aranceles que promete nos sacara de esa zona de confort comercial, y nos forzará a buscar alternativas de mercados y a crear empleos no para la manufactura con mano de obra barata, sino en busca de bienes de consumo propios y generando patentes.  Las remesas son una importante fuente de ingresos, pero al trastocarlas, espero que nuestro gobierno encuentre un sustituto donde el sistema financiero se transforme principalmente activando una dinámica estructura laboral.  Con ello, tenemos la oportunidad de ser líderes en una región para integrar a Latinoamérica y Sudamérica, y no seguir con esa idea falsa de que somos parte importante de Norteamérica, porque con el TLC se ha demostrado que no somos iguales ni a Estados Unidos ni a Canadá. Basta de seguir viviendo la ilusión de ser integrantes de un club de potencias económicas. Y darnos cuenta, además, de que adoptamos un tratamiento discriminatorio con nuestros vecinos y socios de Centroamérica.

Ni el “subcomandate Marcos”, ni el “Che”, ni Bolívar ha logrado unificar a los países latinos, Trump parece que sí lo está logrando, en dado caso de que cumpla sus promesas de campaña. Y también nos ayudará a desenmascarar a los estadounidenses del partido demócrata que en el fondo quieren lo mismo que los republicanos: un proteccionismo comercial con enormes ventajas hacia sus elites financieras así como a sus compañías globales, en suma, el resguardo de su sistema capitalista que les ha permitido ser la mayor potencia mundial.

Trump, acelerara la globalización de la antiglobalización, y puede empezar a mermar ese sistema económico rapaz que ha generado tanta desigualdad social y perversas diferenciaciones económicas. Los próximos César Chávez y el movimiento chicano puede resurgir, tampoco será fácil para el magnate venido a político.

@manuelbasaldua