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Verdades y falacias sobre la UAQ

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Las instituciones de educación superior en América Latina, y especialmente en México, están cruzando un momento crítico debido a que sus finanzas son endebles. Esa condición de vulnerabilidad existe, por una parte,  debido a la falta de una política educativa clara y con objetivos precisos por parte del estado, y algunos de los gobernantes con poca sensibilidad y visión sobre la importancia de la educación de su sociedad.

En este marco, en Querétaro se ha puesto en marcha el proceso para la designación del nuevo Rector de la Máxima Casa de Estudios. La elección de quien se encargue de manejar el destino de la Universidad despierta el interés desde luego de su propia comunidad, pero también de actores y agentes distintos a esta Institución educativa. Así las cosas, conviene reflexionar sobre algunos aspectos que hay que tomar en cuenta, que pueden ser considerados como elementos verídicos y otras que son cuestionables o incluso falsos. Vayamos primero por las verdades.

La Autonomía. Desde el movimiento estudiantil de 1958, la UAQ rige sus destinos en estricto sentido académico. En este campo se goza de amplia independencia para crear programas de estudio, de investigaciones y de acciones para la divulgación científica y la extensión cultural. La libertad ampliar los programas de licenciatura y posgrado, que contribuyan al desarrollo de nuestra localidad es amplia y está garantizada por la ley.

Se influye en la elección del Rector. En este punto, la Universidad ha sido vista como parte de un botín político, tanto de agentes externos como internos. Es sabido que los gobiernos en turno, o partidos políticos, tengan interés en coincidir con las autoridades universitarias o entre el estudiantado para ganar adeptos en jornadas electorales, o al menos que no causen conflictos con huelgas o paros de actividades. Pero también es conocido que los encargados del periodo anterior de la rectoría pretendan influir en su sucesor para extender su periodo de influencia.

Las falacias, o los aspectos cuestionables son también numerosas. Mencionare solo un par de ellas. Por ejemplo, pretender que la Universidad erija empresas universitarias. La Universidad no tiene como fin constituir mecanismos que le contribuyan ingresos económicos con fines empresariales. Para eso existe el financiamiento público del estado, y el Rector debe ser el agente que gestione exitosamente un presupuesto suficiente, para dedicarse a la enseñanza, a la preparación de profesionales, a la investigación y a la difusión de la cultura.

La Universidad debe estar alejada del gobierno. Nada más incongruente que esa postura. Pues el desarrollo de una sociedad debe basarse en el concierto de todas sus instituciones. El financiamiento es de la ciudadanía y se debe retribuir otorgando profesionistas necesarios para el crecimiento social y económico de esta sociedad.

La Universidad debe contribuir además, a construir una mirada y actitud  humanista, y se debe recobrar ese sendero. Ya vimos que convertir a la UAQ en un experimento microempresarial no es lo adecuado ni lleva a buen puerto. En nuestro tiempo, la tecnocracia ha resultado un fiasco para tener un mundo sustentable y armónico. El imperio de la tecnología, es cierto,  nos facilita muchas actividades, la tecnología nos sorprende, pero a la vez nos aleja de nuestro propósito humano. La Universidad debe ser una guía en este sentido. Los universitarios deben forjar bien su destino.

@manuelbasaldua