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Viajeras de Ítaca – 5 de junio, Día mundial del Medio Ambiente

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

I

El sábado 5 de junio de 1917, aun no amanece, mi abuela Magdalena pone un banquito con su ropa limpia junto a la tina de agua serenada, desbarata sus  trenzas y va mojando su cabello y su cuerpo valiéndose de una jícara que reserva para ese uso, a medida que frota su cuerpo con el estropajo empieza a entrar en calor, enjuaga con cuidado su cabellera. Las últimas estrellas ven a la mujer joven que se envuelve en la sábana de blanco algodón para secarse, sabe que en la casa todos duermen. Viste los blumers y las enaguas, el corpiño, la blusa y su falda azul de rayas. Magdalena camina a la cocina, con unas pinzas de metal busca en la ceniza de la chimenea un tizón encendido del carbón del día anterior, alimenta el fuego, ve salir chispas y acerca la olla del atole blanco, necesita una taza con un pedazo de piloncillo antes de salir a la plaza a esperar la llegada de las marchantas, este día traen el mejor pescado que tanto le gusta a José.

II

En el mercado cantan las voces indígenas en lengua purépecha, acaba de pasar la luna llena y en las islas sacaron las redes cargadas de pescado. A José lo que más le gusta es el caldo michi de lobina y cuerepitos (pequeños pescaditos blancos que hacen más delicado el sabor del cilantro y el chile perón, el tomate y el xoconoxtle). Magdalena escoge varios ejemplares de pescado blanco para sus hijos, lleva mucho perejil para preparar la receta que le enseñó su suegra Carmelita. Las pasadas lluvias hicieron brotar los hongos blancos como champignones así que lleva media canasta que convertirá en un banquete.

III

Sábado 5 de junio de 2007, Rita la nieta más joven de Magdalena sale temprano al mercado después de tomar un largo baño de regadera de 15 minutos (con estas lluvias hay que calentar el cuerpo). Rita tiene la encomienda de conseguir una docena de pescado blanco de buen tamaño y para su sorpresa sólo encuentra unos pequeños peces apenas más grandes que los cuerepitos y pregunta por que –“ay seño pos no ve que ya de los otros no hay, estos son los que sirven en los restaurantes. Juntan tres pequeños y los envuelven en huevo como si fuera uno grande y los turistas que van a saber. Mire, llévese esta tilapia del Infiernillo, se la fileteo y seguro que le queda re guena”.

IV

Es triste lo que le ha pasado al lago, la tala inmoderada de todos los cerros de la cuenca ha erosionado la tierra y las lluvias arrastran al fondo del lago miles de toneladas de lodo charandoso y luego la construcción del ducto de Pemex tampoco cuidó los deslaves y el lago se fue azolvando, la tierra en el fondo tapó los manantiales y los nidos naturales del pescado blanco y la lobina. Antes estas especies  eran para consumo de los pescadores pero la demanda para abastecer a los restaurantes y para llevar el pescado a Pátzcuaro, Morelia y la Capital llevó a una sobreexplotación de la pesca. Algunos de los drenajes de las islas y los pueblos rivereños van a dar al lago sin tratamiento alguno y el combustible de las lanchas que transportan a los miles de turistas contamina el otrora “Lago de Ensueño”.

V

Es triste reconocerlo, desde la Conferencia convocada por la ONU en 1972 en Estocolmo Suecia “cuyo objetivo era fijar una visión común sobre los aspectos básicos de la protección y mejora del medio humano”, se han sucedido innumerables tratados internacionales: como la Declaración de Río 1992, con la presencia de Juan Pablo II y ante la inminente amenaza del cambio climático, la Conferencia de París Clima 2015. Es incomprensible que en nuestro país y nuestro pueblo mexicano no tomemos medidas más comprometidas para salvar la Tierra que heredaremos a nuestros hijos.

guayus@hotmail.com