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Viajeras de Ítaca – Arte y Discriminación

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

Las ideas de Arquitectura y Urbanismo incluyente no son nuevas, han sido promovidas desde la ONU desde hace varias décadas. En nuestro país, la adecuación de la arquitectura y los espacios públicos para ser incluyentes data de varios quinquenios, aunque las soluciones no habían sido del todo correctas: las rampas para descender las sillas de ruedas o carriolas solían ser angostas y muy empinadas, igual pasaba con los ingresos de ancho insuficiente en las puertas. De elevadores en edificios públicos aun ni se hablaba. Hoy refiriéndonos a nuestra ciudad podemos preciarnos de que en el Centro Histórico, Patrimonio de la Humanidad, tanto el Palacio de Gobierno como el Museo de Arte y el Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo cuentan con elevadores que atienden no solo a las personas con discapacidad en silla de ruedas, sino también a personas mayores de edad y mujeres embarazadas; los baños son más amplios y con las adecuaciones correspondientes. Asimismo, la señalización de las calles incluye amplias áreas para discapacitados.

La inclusión legal y social de personas discapacitadas enumera las medidas que la Ley No. 20,422 contempla en cuanto a “edificaciones, trabajo, educación y otros, para la inclusión social de las personas con discapacidad”, derivada de la última reforma publicada DOF 17-12-2015 “EL TITULAR DEL EJECUTIVO DECRETA QUE SE CREA LA LEY GENERAL PARA LA INCLUSIÓN DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD asegurando su plena inclusión en la sociedad, en un marco de respeto, igualdad y equiparación de oportunidades…”.

Lo arriba mencionado expone cómo la legislación mexicana otorga derechos a las personas con alguna discapacidad, ya sea mexicanos o no localizados en el territorio nacional, y por lo mismo me solidarizo con la inconformidad manifestada por la Maestra Arq. Margarita Magdaleno Rojas, con posgrado en Restauración en Roma y con Maestría en Arte Moderno. Se desempeñó como restauradora del Museo de Arte Queretano (del que fuera la primera directora), planificadora, urbanista y curadora de arte.

Hace un par de meses, Margarita visitó algunos museos de la CDMX (una actividad regular en su agenda), y fue en el Museo Soumaya que sufrió una humillación como nunca en su vida la había sufrido padecido.

Escribe Margarita en un correo: “El pasado 13 de agosto, como lo hago siempre, organicé  una tregua de trabajo en mi agenda de visita a la CDMX que incluyó el recorrido a los tres museos más importantes de Chapultepec, como siempre fueron divertidos y enriquecedores. La siguiente etapa incluía visitar las Puertas del Infierno del Maestro Rodin que se exhiben en el Museo Soumaya. Por cierto son una oportunidad imperdible para los amantes de la obra del Maestro…”.

“…La siguiente visita, prometía ser muy interesante, como todos los retos del arte conceptual, cuyo importante recinto es ofrecido al público en el Museo Jumex. Por primera vez en mi vida me señalaron que la entrada estaba prohibida para mis muletas…y la silla de ruedas también!

Creí que se trataba de una broma y entré junto con los tres amigos que me acompañaban. Recorrimos el museo sin contratiempo y con deleite, hasta que llegamos al 1er piso donde se encuentra ubicada la última parte de la exposición de Peter Fischli y David Weiff. Yo, sentada en mi silla de ruedas, había recorrido en la sala escasos 2.50 metros cuando el señor Mauricio Aparicio, del personal del Museo, me bloqueó el paso, igual que otros trabajadores de la institución lo hicieron con mis amigos para  que no pasáramos; llegó otra mujer, quizá con algún cargo en seguridad, a gritos y con amenazas para que nos saliéramos.

Intenté explicarles que soy gente de Museos y que yo sé cómo hay que tratar al público y a las obras, pero seguían gritando más enojados porque no creían, la señora y el señor Aparicio, que yo estuviera diciendo la verdad…”

“…Subimos al flamante elevador, que se anuncia que es también para discapacitados y al arribar a la planta baja, nos esperaba la señorita María Cristina Torre. Y digo que nos esperaba, además de, a nosotros, al personal que nos custodiaba como si fuéramos peligrosos delincuentes. A la señorita Torre tuve que llamarle también la atención acerca de que la de los aparatos prohibidos era yo, mientras ella quería hablar con mis amigos como si yo no existiera, también por alguna razón le costó mucho trabajo darme su nombre…”

“…México no está para que personal mal capacitado desaliente la cultura cuando tanta falta nos hace. Es muy probable que las instrucciones de los superiores de los elementos con quienes nos topamos, nunca hayan dado instrucciones tan equivocadas y absurdas. Pero eso no los exime de la responsabilidad de lo que allí sucede….”

“…Mis amigos y yo podemos superarlo. Pero hay muchas personas discapacitadas que ante el menor obstáculo, prefieren no regresar y dependiendo de la fuerza de su espíritu, se levantarán o no, pero el daño quedará hecho…”.

He querido compartir los párrafos más significativos de la experiencia de nuestra apreciada y respetada amiga porque como ella lo señala: esto no debe volver a suceder, a nadie, nunca. Dejo mi correo para proporcionar el de Margarita para quien desee escribirle.

guayus@hotmail.com