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Viajeras de Ítaca – Belleza antigua

  • Elizabeth Mejía

La belleza es una apreciación subjetiva y cambiante con los años, por ejemplo, en el pasado el estándar de una mujer bella era robusta y de ancha cadera, en los años sesenta los estándares cambiaron a mujeres con menos cadera y un poco más delgada; actualmente es la delgadez y mujeres sin caderas las consideradas más bellas. También la forma de la cara, al ser de perfección de rasgos, estilo griego la considerada más bella. Pero todos estos criterios pertenecer a la actualidad en nuestro mundo globalizado, en el pasado con menos comunicación o lenta difusión de modas hizo que cada lugar tuviera estándares de moda propios. De esta forma las modas del México Prehispánico estaban muy lejos de las modas griegas.

Como inicio debemos enfatizar que la moda y símbolo de estatus era deformar el cráneo de los niños recién nacidos, de manera que entre el año 200 antes de Cristo y el 500 después de Cristo vivió su apogeo Teotihuacán. Era una ciudad sagrada, monumental y cosmopolita donde tanto los nativos y foráneos consideraban como símbolo de belleza la deformación craneal, la mutilación dental y las aplicaciones en los dientes.

En fechas recientes se localizó el esqueleto de una mujer procedente de las tierras del sur, aparentemente maya, era llamativa porque tenía el cráneo intencionalmente deformado y una sonrisa desconcertante, ya que lucía incrustaciones de pirita en los incisivos centrales superiores y una prótesis de serpentinita, de color verde, en los incisivos centrales inferiores. Pocos esqueletos de Teotihuacán tienen tantas modificaciones corporales como el de la mujer de Tlailotlacan, que es la forma en que fue bautizada por los arqueólogos ya que fue hallada en dicho barrio de la ciudad sagrada. Este barrio también es conocido como Barrio Oaxaqueño, ya que ahí era donde residía la gente de las tierras lejanas de Oaxaca.

Los arqueólogos suponen que todas las modificaciones a su cráneo se deben a que era una mujer de la élite, falleció entre los 35 y 40 años de edad; fue enterrada en una tumba rectangular, rodeada por una magnífica ofrenda de 19 vasijas. El antropólogo físico Jorge Archer Velasco del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México ha estudiado sus restos recientemente e indica que para colocar las incrustaciones de pirita en los incisivos centrales superiores se hicieron orificios con la ayuda de un instrumento semejante de un taladro, en una técnica que se ha documentado en los asentamientos mayas de Petén y Belice.

La prótesis de serpentinita resulta aún más sorprendente, pues tiene forma de incisivo y al parecer es de factura foránea. La mujer debió de utilizarla durante un largo período porque muestra desgaste y evidencia de formación de sarro. “La pieza está siendo analizada para saber si se fijó mediante algún tipo de cementante o con una fibra que la sujetaba a la mandíbula”, detalla Archer Velasco. Los excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos años en Teotihuacán todavía prosiguen ya que este sitio tiene más del 50 % sin trabajar, de modo que continuará dando sorpresas.