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Viajeras de Ítaca – Betsy, inolvidable

  • Mariana Figueroa Márquez

El año pasado, Betsy Pecanins cantó en Querétaro por última vez. La noche del 15 de julio del 2015, la Plaza de Armas de nuestro Centro Histórico lucía llena, el Festival de Jazz de Verano se inauguraba con una presencia de lujo, la de la bluesera nacida en Arizona, Estados Unidos, pero mexicana por adopción. Aunque un poco más delgada que antes, era la misma Betsy de siempre, con la sexy cabellera larga y la sonrisa franca.

La primera vez que la vi cantar en vivo, hace unos diez años, me deslumbró. En aquella ocasión ofreció una velada inolvidable acompañada por la Orquesta Sinfónica de Nuevo León, donde sucumbí a sus versiones blueseras de las  canciones rancheras de toda la vida y me declaré su fan después de descubrir con nuevos oídos, válgaseme la expresión, su versión de “Pa’ todo el año”, del entrañable José Alfredo Jiménez. Desde entonces, a través de su voz, se volvió una presencia recurrente en casa.

Al abrir el evento de jazz en Querétaro Betsy presentó el show “Ave Phoenix”, un proyecto con el que se reinventó como cantante después de ser diagnosticada con disfonía espasmódica cervical, una enfermedad que afectaba sus cuerdas vocales y que terminó con su voz como la conocíamos. Se fue la Betsy blusera y de sus cenizas renació una Betsy hiphopera, que rapeaba las canciones y que seguía imprimiendo sentimiento a cada frase, acompañada por sus músicos y por la cantante Julia González, hija del cantautor Roberto González.

La canción que dio nombre a este proyecto es una especie de autobiografía en la que Betsy relata que ganó una partida contra el cáncer, habla sobre su familia y dice que México es su nación, el país en el que renació y en el que se quedaría. Sortear la enfermedad y su tratamiento no fue fácil pero al final, la bluesera se reinventó y logró mantenerse en los escenarios hasta el final; en sus palabras: “Ser Phoenix es asunto de salud, no voy de enfermita, no es mi actitud, he llegado hasta al fondo y más abajo, y aunque a veces me doble, no me rajo”.

Aquella noche del Festival de Jazz, Betsy tomó el micrófono para explicar por qué su voz había mutado y cómo tenía que someterse a inyecciones de bótox en las cuerdas vocales para controlar los espasmos que sufría. Quienes seguimos su carrera, la admiramos y la quisimos, intentamos aquella noche callar sus disculpas con un sonoro aplauso de pie. Ella se conmovió y sonrió. Fue la última vez que la vi.

El pasado martes 13 de diciembre, Betsy murió a los 63 años en su casa, en los Edificios Condesa de la Ciudad de México, víctima de un infarto. Nos queda como legado más de una docena de discos en los que dotó de un nuevo vestido a la canción ranchera, al bolero y a algunas composiciones de Los Beatles y, por supuesto, sus composiciones originales, honestas, descarnadas, desde el corazón, como la de Ave Phoenix, que no llegó a concretarse en álbum. Descanse en paz la Reina del Blues.

@marianfi