imagotipo

Viajeras de Ítaca – Calendario azteca o piedra del sol

  • Elizabeth Mejía

Según testimonios orales recopilados por Fray Diego Durán en su Historia de las Indias de Nueva España, 42 años antes de la caída de Tenochtitlan, el emperador Axayácatl mandó tallar el monolito que nosotros llamamos el Calendario Azteca o Piedra del Sol con la idea de colocarse en un edificio que se llamaría Cuauhxicalco. Para elaborar el monolito se utilizó roca basáltica y fue tallada por un artista llamado Técpatl. La pieza mide 3.60 metros de diámetro, 98 centímetros de lado, y pesa más de 24 toneladas.

Sabemos que la pieza no se terminó, de modo que al reinado de Moctezuma se continua su trabajo hasta la llegada de los españoles. Fue Hernán Cortés quien dio la orden de quitar los ídolos paganos, por ello la pieza se remueve y los siguientes 38 años el calendario permaneció a la intemperie a un costado de la Plaza Mayor, hoy el Zócalo. En 1559 los españoles sabían que se cerraba un ciclo azteca de 52 años y temiendo que se reavivaran los ritos paganos, mandaron enterrar la piedra con la parte labrada hacia abajo.

Según las crónicas de Antonio de León y Gama el 17 de diciembre de 1790, se redescubrió la Piedra del Sol. Habían pasado 231 años y León y Gama describe el hallazgo enfatizando que lo labrado estaba sobre la tierra y se localizó cuando se nivelaba la Plaza Mayor y se colocaban ductos para las aguas subterráneas. La Piedra del Sol se entregó a los responsables de catedral en forma temporal y seis meses después, en agosto de 1791 el virrey Revillagigedo decretó se tomaran las medidas necesarias para garantizar su conservación y dejar testimonio de la nación indiana anteriores a su conquista. De esta forma en el exterior de la torre poniente de la Catedral metropolitana permaneció por 100 años. Hasta 1887 que se trasladó al Museo Nacional situado en la calle de Moneda. Fue colocada en la Galería de los Monolitos inaugurada por Porfirio Díaz. Y el 27 de junio de 1964 se trasladó al Museo Nacional de Antropología, dentro de la Sala Mexica sostenida en una base de mármol en donde aún puede ser admirada.

Para entender a esta pieza con detalle fue necesario de estudios detallados del arqueólogo Felipe Solís. Basta decir que al centro de la escultura se tallo el rostro del dios del sol de los mexicas, Tonatiuh, no solo representa al sol, dentro de la cosmogonía azteca, también “encarnaba la exaltación de la guerra como elemento renovador, del guerrero, la perfección del combatiente, aquel soldado que aparece triunfante en el plano celeste, que huye de las estrellas y elimina a la oscuridad dando luz y calor a su pueblo” explicó Felipe Solís. Y no es un calendario como nosotros lo conocemos, de esta forma el pasado 17 de diciembre celebramos 226 de haber descubierto esta importante pieza de la cultura Mexica e icono de nuestro país.