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Viajeras de Ítaca – Ceremonia de Fuego Nuevo

  • Elizabeth Mejía

Estamos en fechas navideñas, lo que significa una ceremonia religiosa ya que se recuerda el nacimiento de Jesús. Y esta semana celebraremos el fin de un ciclo calendárico, lo que nosotros llamamos un año. De esta forma, las costumbres socialmente aceptadas son: asistir a misa, cenar en familia la comida tradicional de la época e ir a fiestas. Sin embargo, hoy cada vez, más familias se rehúsan a gastos excesivos y simplemente cenan en familia. Ante todo, la pregunta obligada es, ¿en época prehispánica era igual?

Claramente los antiguos prehispánicos eran politeístas y el nacimiento de sus dioses se rodeaba de mitos y relatos fantásticos, de esta forma no siempre hubo un nacimiento formal, ya que a veces eran creados o producto de relaciones fantásticas, y no se tienen registros de celebración del nacimiento de un dios, ya que a lo largo del tiempo se recordaba a cada dios, algunas veces más de uno al mes y en otras ocasiones se recordaba a un dios dos veces al año. Esto nos lleva al calendario, hoy sabemos que ellos registraron el año lunar y año solar, similar al nuestro, por tanto era de 360 días distribuidos en 18 meses de 20 días, más 5 días de mal augurio o “Nemontemi“, también llamados días aciagos, dedicados al descanso para evitar la mala fortuna, lo que ocurría en lo que para nosotros es el mes de febrero, lo cual no tiene relación con ningún acontecimiento astral de importancia como equinoccios o solsticio.

Entre los Mexicas la fiesta calendárica más importante se realizaba en honor del Dios del Fuego, Xiuhtecuhtli, quien era el encargado de la regeneración del mundo, lo que ocurría cada 52 años solares, en la ceremonia del Fuego Nuevo, por tanto, era variable. Se sabe que previo a la festividad, en el centro de México se realizaban días de abstinencia y los ritos para dar la bienvenida a un nuevo ciclo era una serie de actos solemnes, mismos que se hacían más grandes hasta derivar en la gran ceremonia del Fuego Nuevo, que tenía lugar en el Cerro de la Estrella cada 52 años. Según palabras de la doctora Yolot González registradas en palabras de las diversas fuentes como Fray Bernardino de Sahagún:

“Con el Fuego Nuevo se apagaban todas las luces de México – Tenochtitlan y entonces esperaban la culminación de las ‘Pléyades’ o ‘Siete cabrillas’ en el cenit, señal de que nacería un nuevo sol. Cada año debió ser una especie de reminiscencia de este hecho […] Jóvenes de distintos barrios o calpullis, iban de caza y entregaban lo obtenido —principalmente sabandijas y animales pequeños—  a los sacerdotes, quienes a su vez ofrendaban al fuego. También se repartía un tipo especial de tamal y además, a final de año, interpretaban un baile como en casi todos los meses”.

La festividad también incluía la preparación de comidas especiales, limpieza del hogar, bailes ceremoniales y, en general, el desecho de lo viejo. Como fiesta importante, se realizaban ritos corporales especiales, por ejemplo, solían “estirarse” a los niños con la creencia de que así llegarían a ser adultos grandes y fuertes. También se aprovechaba para practicarles una ceremonia de perforación de las orejas, y les daban de beber pulque en unas tazas pequeñas, era como una especie de bautizo pues contaban con “padrinos”.

Entre los mayas, Fray Diego de Landa en su Relación de las Cosas de Yucatán, relata cómo el cambio de ciclo ocurría en el mes llamado Pop, que ocurre en julio y lo celebraban de manera especial con una gran fiesta. A decir de la doctora Yolot González:

“Adoraban a todos sus ídolos y renovaban todas las cosas que tenían para su servicio: vasijas, bancas, ropa, barrían las casas y todo lo viejo lo tiraban a la basura. La costumbre de barrer es muy extendida entre los pueblos, ya que entraña la renovación, pensar que para el año siguiente todo será bonito […] El ayuno era una tradición que antecedía las festividades, además de la abstinencia sexual y la reserva de algunos alimentos, o la condimentación con sal. Las mujeres quedaban excluidas de lo anterior, lo que continúa en la actualidad entre algunas poblaciones mayas. La experta concluyó que los chaac o sacerdotes quemaban incienso ante los altares, y en el Año Nuevo todos se juntaban en el patio del templo (excepto las mujeres) y tenían un baile y banquete especial…”

Por todo esto no queda más que desearle felices fiestas, sin importar cuál sea la forma en que lo festeje.