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Viajeras de Ítaca – Coyolxauhqui

  • Elizabeth Mejía

Cuenta el mito mexica que un día Coatlicue, al barrer su templo en lo alto del cerro de Coatepec, vio bajar del cielo plumas de colibrí que colectó y guardo en su pecho sin saber que con ese acto quedaba embarazada. Al paso de los meses su hija Coyolxauhqui, la diosa lunar, preguntó quién era el padre y la madre no pudo más que responder que no había tenido contacto con algún hombre.

Coyolxauhqui junto con las 400 estrellas conocidas como las Huitznahuac y los 400 guerreros o surianos, decide matar a Coatlicue por considerar a aquel embarazo como una afrenta. Lo que ellos ignoraban era que el bebé era el dios Huitzilopochtli, quien ya se comunicaba con su madre y le informó de lo sucedido prometiendo defenderla. Apenas nacido, Huitzilopochtli crece para convertirse en adulto y protegerse mediante una serpiente de fuego llamada Xiuhcóatl. Así, aquel dios decapitó a su hermana para luego arrojar su cuerpo desmembrado desde el cerro de Coatepec.

Este mito es la razón por la que todos los días el sol, Huitzilopochtli, derrota a la luna, Coyolxauhqui; más aún, la luna sube al cielo con sus hermanas las estrellas y en su andar celeste de cada 28 días, aparece, decrece y se esconde, haciendo el ciclo de la luna.

Esta leyenda se registró como un mito mexica sin ninguna relación con los datos arqueológicos conocidos, sin embargo, eso cambió en 1978, cuando en la madrugada del 21 de febrero, entre las calles de Argentina y Guatemala, trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, realizaban un pozo para colocar un poste y encontraron una enorme piedra grabada que les obstaculizaba su labor. Avisaron al Instituto Nacional de Antropología e Historia y de inmediato el departamento de Salvamento Arqueológico acudió; a partir de ese momento se trabajó día y noche hasta destapar una enorme piedra circular de unos tres metros de diámetro y peso de ocho toneladas. Cuando el arqueólogo Raúl Arana y sus compañeros tuvieron la pieza al descubierto, pudieron ver que era la Coyolxauhqui desmembrada, representación física del famoso mito de la lucha entre el sol y la luna. Así, de ser un hallazgo fortuito que inicialmente sólo tenía la misión de retirar una pieza se da un hallazgo fundamental.

A partir de ese momento el presidente Luis Echeverría autorizó un proyecto a cargo de Eduardo Matos que representó la búsqueda del Templo Mayor, ya que Coyolxauhqui estaría en su base, pensando que el gran templo fuera una representación del cerro de Coatepec.

El apoyo presidencial fue decisivo, ya que en otros tiempos pretender tocar un predio en el centro de la Ciudad de México era imposible, pero desde 1978 se demolieron varios edificios hasta destapar todo el Templo Mayor, más aún se construyó un museo de sitio para albergar todas las maravillas que este proyecto logró descubrir.

Hoy Templo Mayor no es solo la gran pirámide y una zona arqueológica, es también un centro de trabajo del INAH desde donde se desarrolla el Proyecto de Arqueología Urbana (PAU), que ha explorado contextos arqueológicos invaluables bajo el centro histórico de la Ciudad de México, con lo que se ha hecho posible la coexistencia de la investigación y conservación del pasado prehispánico y los cambios de la Ciudad de México.

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