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Viajeras de Ítaca – De Amealco de Bonfil al Cerro de las Campanas

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

Creo que conocí a Viridiana Nava por una mera casualidad, ella estaba tomando un café con unos compañeros de trabajo y yo llegué buscando a uno de ellos, me invitaron a sentarme y me pareció muy interesante que siendo ella tan joven hubiera hecho tantas cosas diversas, así que de plano le pedí que nos reuniéramos a platicar un día, no me equivoqué, su historia de vida resultó muy singular.

Viridiana es originaria de Amealco, un municipio del sureste del estado de Querétaro que se caracteriza por su paisaje boscoso y frío, tiene un alto porcentaje de población indígena y fiestas patronales arraigadas a los habitantes en sus comunidades. Un importante porcentaje habla la lengua otomí.

Viridiana es la segunda de diez hermanos, estudió hasta la prepa en su ciudad natal. Mientras vivió en Amealco ayudó a sus padres en la siembra, en el comercio y en echar las tortillas; ella y su hermana mayor, como cosa natural, ayudaron a criar a sus hermanos menores.

A su hermana mayor le gustaban mucho las matemáticas y se fue a estudiar contabilidad a San Juan del Río, todos los días iba y venía a Amealco. A Viridiana también le gustaban las matemáticas pero ella no quería estudiar contabilidad en San Juan, se veía a sí misma en Querétaro, en el campus del Cerro de las Campanas estudiando alguna rama de la ingeniería, no sabía bien cual, esto resultó difícil por la mentalidad tradicional de sus papás que hubieran preferido tenerla cerca en San Juan, sin embargo ella aprovechó que venía la feria y le pidió a su mamá que le pasara mercancía, vendió mucho, con la ganancia convenció a sus papás que le permitieran ir al Campus Central para ver qué carrera le convencía, eligió Ingeniería Civil y sus papás aceptaron.

El primer día de clases entró al salón y se sorprendió que no hubiera ninguna mujer además de ella, algo extraño pero los compañeros se portaron siempre amables, ella no pudo conseguir con quien compartir una habitación cerca de la Universidad. El primer año iba y venía a Amealco, hacía las tareas en el autobús. No podía hacer trabajos en equipo así que se esmeraba en hacerlos ella sola, característica que la distinguió en su grupo. En el verano fue una tía suya a casa de sus papás y al enterarse que Viridiana iba y venía a diario le ofreció que viviera con ellos en Querétaro. Cuando llegó a casa de los tíos se llevó una sorpresa, estaba ubicada en un fraccionamiento irregular, sin servicios. Los tíos compraban pipas de agua y para bañarse le calentaban una olla grande en la estufa. Las calles de tierra se convertían en lodo con las lluvias y para ir a la Universidad se ponía doble bolsa en los zapatos para no ensuciarlos. Sus tíos eran amables y trataban de que ella estuviera cómoda, así que construyeron un baño provisional. Viridiana se quedó viviendo con ellos los cuatro años hasta finalizar la carrera. Sus papás, que siempre habían vivido en la zona centro de Amealco no daban crédito a que su hija hubiera  vivido así sin decirles nada. Hoy la joven ingeniera dice que para ella vivir de ese modo la hizo madurar, la fortaleció como persona, reconoció el esfuerzo de sus padres para mantenerla en Querétaro lidiando con sus ocho hermanos menores y la hizo consiente de la cantidad de queretanos que viven así.

Viridiana se graduó con excelente promedio y de inmediato se tituló, en su mente tenía el proyecto de prepararse para servir a la comunidad conociendo sus necesidades. Trabajó en el sector privado y en el público, se siguió preparando en la Universidad cursando la Maestría en Gestión e Innovación Publica.

Hoy la tengo frente a mí a sus treinta años y sus ojos muy abiertos, toda una funcionaria pública, no parece que se quiera comer el mundo a puños, más bien observa con entusiasmo al mundo para ver donde la necesitan. En forma sencilla y amable me cuenta que ella veía que sus compañeros de carrera usaban mejor vocabulario que ella, se dio cuenta que ella pronunciaba mal algunas palabras entonces se inscribió en un curso de oratoria y esto le ayudó, también me platicó que en su primer trabajo, a los veintiún años, su jefe le dijo, mire señorita yo necesito alguien que me ayude a organizar a los albañiles no alguien que me los distraiga, entonces ella le echó todas las ganas a la planeación de obra y le dijo ”Ingeniero que tal si yo le ayudo desde el gabinete y usted organiza a los albañiles”

Para mí fue una experiencia muy interesante ver a una mujer en un campo de trabajo principalmente de hombres ganarse su lugar y romper el paradigma familiar saliendo de Amealco, núcleo de tradiciones familiares cerradas para venir a su meta “El Cerro de las Campanas”.

guayus@hotmail.com