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Viajeras de Ítaca – De escritores y mascotas

  • Susana Pagano

No resulta extraordinario ser escritor y tener una mascota. Pero hay escritores que optaron por lo particularmente insólito. Lord Byron, por ejemplo, fue tan excesivo y extravagante en su vida personal como en la elección de sus mascotas ya que optaba por tener, además de los consabidos perros, un auténtico zoológico, pues albergaba en su casa desde una garza hasta un águila y no se andaba con regateos cuando se trataba de comprar un mono; así le dice a su mayordomo Fletcher en la rebatinga del mercado por la compra del primate: “Cómpralo, Fletcher, cómpralo: me gustan los monos mucho más que los hombres. Son divertidos y nunca llegan a cansarme”.

La esposa de Paul Bowles, en su caso, también hizo un zoológico del hogar matrimonial al incluir en éste un pato, un armadillo, un par de coatíes, un ocelote y, ¿por qué no?, un loro que acompañaba al escritor a donde quiera que iba.

La escritora norteamericana Dorothy Parker se lleva las palmas con el par de crías de cocodrilo que alguien le regaló y que, al no saber en dónde destinarles un espacio adecuado, las instaló en la tina de baño. No es de sorprender que la sirvienta, antes de renunciar a su trabajo, dejara una nota en la que le decía: “Querida señora: me marcho porque no puedo trabajar en una casa donde haya cocodrilos. Debí habérselo dicho antes, pero nunca pensé que tendría que hacerlo”.

El simbolista francés Gérard de Nerval no canta mal las rancheras, ya que su mascota era una langosta a la que solía pasear por las calles de París y de la que afirmaba era mejor compañía que los tradicionales animales domésticos porque, según él: “son criaturas pacíficas y serias que conocen los secretos del mar. Además, no ladran”. No es de extrañar que el poeta se volviera loco en 1841.

Pero excentricidades aparte, cabe destacar el conmovedor y sabio epitafio que Lord Byron escribió para su perro terranova: “Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad, y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos”.