imagotipo

Viajeras de Ítaca – De inspiraciones y otras locuras…

  • Susana Pagano

No es de extrañar que los escritores tengamos fama de excéntricos, por decir lo menos. Cuando te encuentras en el ciberespacio una foto de J.D. Salinger sentado sobre un maletín aporreando una máquina de escribir que se encuentra sobre la cajuela de una camioneta tipo van, no dirías que es algo extraordinariamente raro, sólo diferente. Pero si a este coctel le agregamos que el autor de El guardián entre el centeno luce por toda vestimenta un par de chanclas, entonces la imagen y el concepto cobra una dimensión completamente distinta. Y entonces sí aplica aquello de que los escritores están locos. Pero él no era el único que utilizaba su desnudez para llamar a las musas de la creación, lo hacían también otros famosos. Víctor Hugo, por ejemplo, ordenaba retirar todo aquello que pudiera distraerlo de la inspiración y se quedaba él solo –y su desnudez- junto con una pluma y un papel. A Ernest Hemingway lo vimos en la película Hemingway and Gellhorn escribiendo de pie, con la máquina de escribir a la altura del pecho; lo que ya no tuvimos el gusto de ver fue que a veces también lo hacía desnudo (al menos no lo recuerdo, y creo que a Clive Owen desnudo lo recordaría). D.H. Lawrence era un poquito más insólito en sus gustos pues solía trepar a los árboles, como su madre lo aventó al mundo, para después sentarse a escribir. Y cómo no mencionar el lugar preferido para inspirarse de la dama del crimen, Agatha Christie: la bañera. La imagino sumergida en espuma, rodeada de velas y una copa de tinto en la mano. Lo que ya no encaja en la imagen es la pluma y el papel, en fin…

Cualesquiera que sean nuestras excentricidades y trastornos, el miedo a la página en blanco se quita con tiempo, oficio, trabajo y confianza en uno mismo. Muchas veces basta con sentarse frente a la computadora, poner música agradable y dejar que el gran genio que tenemos dentro se ponga a trabajar. Y para esto da lo mismo que esté uno en pijama, desnudo, vestido de astronauta o en jeans. Creo que a algunos escritores les gusta parecer más locos de lo que en realidad están. Por eso, para llamar a la musa, me parece más sensato lo que decía Picasso: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”.

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