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Viajeras de Ítaca – De regreso a Santa María Magdalena. Último Testimonio

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

Para su regreso a México, después de los años que pasó en Carolina del Norte, unos amigos contactaron a Maricela con una persona que manejara la camioneta que su amigo veracruzano le había ayudado a dejar como nueva; Maricela la había ido llenando hasta el tope con regalos, traía cosas nuevas y otras usadas, pero todas compradas con mucha ilusión. La víspera por la noche conoció a quien sería su compañero de viaje, le había dejado espacio para sus cosas que resultaron ser tan solo una mochilita de viaje con una muda de ropa. Salieron temprano, en esas cincuenta horas de camino intercambiaron sus historias personales, se rieron, lloraron, escucharon música, de rato en rato paraban en alguna gasolinera para comer algo y comprar agua, durante el viaje el conductor solo le pedía que ella le sirviera agua. Llegaron a Santa María Magdalena, una comunidad próxima a Tlacote. Maricela le ofreció un lugar para pasar la noche o bien que se diera una ducha, él respondió –no gracias, me esperan, solo necesito que me pidas un taxi para la terminal.

Maricela llegó y disfrutó a su madre, sus hijos y nietos y hasta un bisnieto. A un mes de haber llegado sus hijos la invitan a vivir “el 4º y 5º paso de doble A.” Maricela me dice “fue muy duro Maestra, pero me di cuenta que si yo quería podía cambiar mi vida y sanar mi corazón”. Dos meses después la invitaron a vivir un retiro en el Seminario de Celaya, en la comunidad del Arco Iris del Espíritu Santo, eran tres días en la Semana Santa, “ahí Maestra, estaba dispuesta a disfrutar lo que se me presentara, ahí reí mucho pero también lloré mucho, la última noche de Pascua sentí la presencia de Jesús vivo, Él me rescató del fango en el que había vivido, me limpió de la inmundicia, de la porquería, yo sentí sus palabras que me decían ‘estás perdonada, PUES NADIE TE AMA COMO YO’, me dio fuerza para que no me comiera el mundo de afuera. Yo maestra no había hecho mi primera comunión, no sabía ni el Ave María, en dos meses me prepararon para hacer mi primera comunión el 22 de julio en la fiesta de Nuestra Patrona, Santa María Magdalena. (me explicaron quién fue María Magdalena). En el Sacramento de la Reconciliación es Jesús el que me perdona y hace que me sienta limpia, lo siento dentro de mi corazón.

“A partir de ese momento, Maestra, se me abrieron todas las puertas, tuve trabajo de intendencia en el Hospital Ángeles, después trabajé cuatro años en Doña Urraca, ahí fui muy feliz, trabajé de recamarera, en la cocina y terminé como auxiliar del capitán de meseros. Me gustó servir directamente a los huéspedes y creo que lo hice bien porque me dejaban buenas propinas. Trabajé como auxiliar en una oficina, aún me dan trabajos esporádicos. El trabajo de cuidar enfermos y adultos mayores me ha dejado muchas satisfacciones, estoy en una asociación que nos contacta para dar estos servicios, no importa que la remuneración sea poca, hacerlo ha llenado de alegría mi corazón.

“Yo agradezco a las personas que me dan trabajo, que me llaman para que les haga la limpieza de sus casas, me dejan su llave sin conocerme (un japonés, ahí tenía que quitarme los zapatos, la americana que resultó portuguesa, nunca hablé con ella y un día me trajo de su trabajo jabones, pastas de dientes y muchas cosas, yo agradezco). Cuantas más personas que me llaman como mesera, para cuidar niños, he aprendido hasta trámites de bancos y muchas cosas más.

“Hoy sé que mi misión es ser feliz, pero sobre todo servir, esa palabra tan grande que abarca mucho, velar a un enfermo, cuidar a un ancianito, platicarle, cantarle la alabanzas a mi Señor. Así conocí a mi viejita Eloisa, si yo pudiera regresar el tiempo, le daría más alegría, le pediría que me platicara más de su niñez, le cantaría, le pondría crema en sus manos…”. Y yo, Guadalupe Mendoza, la que esto escribe, la Maestra, así conocí a Maricela, en la Misa de cuerpo presente de Eloisa, observé sus palabras, sus ademanes, el llanto sincero y profundo, por eso siento que ella es para mí LA HERENCIA DE ELOISA.

guayus@hotmail.com