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Viajeras de Itaca – Del México de la esperanza al recorte en educación, ciencia y tecnología

  • Levy Barragán

En el libro titulado México, la gran esperanza, publicado por Random House Mondadori en noviembre del 2011 y firmado por Enrique Peña Nieto, éste afirma que la educación es el centro de toda estrategia de desarrollo y había, por lo tanto, que incrementar los recursos educativos, agregando que “de acuerdo a nuestra legislación, el monto anual que el Estado –federación, entidades federativas,  municipios- debe destinar al gasto en educación pública y en los servicios educativos debe ser de al menos 8% del PIB del país, meta que al día de hoy no se ha cumplido”.

En efecto, la Ley General de Educación, en su Artículo 25 dice: “El Ejecutivo Federal y el gobierno de cada entidad federativa, con sujeción a las correspondientes disposiciones de ingreso y gasto público que resulten aplicables, concurrirán al financiamiento de los servicios educativos, el cual en su monto anual no será menor al ocho por ciento del producto interno bruto del país”.

Hoy día, el Proyecto de Presupuesto de Egresos 2017 refleja un recorte en el ramo de la educación de 31 mil 600 millones de pesos, al pasar de 297 mil 300 millones asignados en este año, a 265 mil 700 millones de pesos para el próximo año, lo que representa un decremento del 10.62%. Asimismo, al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología se le destinarán 26 mil 963.5 millones de pesos, 23.3% menos que en 2016.

El informe Panorama de la Educación 2015 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reveló que los países que la conforman gastan en promedio 10,220 dólares al año por cada estudiante (desde la educación primaria hasta la educación superior), y en el caso de México este gasto no rebasa los 3,600 dólares, ocupando así un lugar entre las últimas posiciones. El contraste se acentúa si lo hacemos versus Luxemburgo (22,000), Estados Unidos (15,400) y Austria (13,000).

En el renglón de la ciencia y la tecnología, la inversión representa el 0.3% del PIB en contraste con un promedio del 2.4% del promedio de los países de la OCDE. De acuerdo con información de la Cámara de Diputados, el presupuesto para el 2017 registró su máximo en 2015, con un 0.34% del PIB.

En el libro México la gran esperanza, Peña Nieto aseguró que “necesitamos invertir más y mejor en innovación, ciencia y tecnología porque destinamos menos del 0.4% del PIB para este rubro, lo cual está muy por debajo de lo que la propia Ley de Ciencia y Tecnología obliga […] para transitar hacia la sociedad del conocimiento tenemos que triplicar nuestra inversión en ciencia, tecnología e innovación en menos de una década”. En cuanto a la ley de Ciencia y Tecnología, señala que este gasto no podrá ser menor al 1% del PIB.

La Ley de Ciencia y Tecnología, en su Artículo 9 bis dice que: “El monto anual que el Estado –federación, entidades federativas y municipios– destinen a las actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico, deberá ser tal que el gasto nacional en este renglón no podrá ser menor a uno por ciento del producto interno bruto del país mediante los apoyos, mecanismos e instrumentos previstos”.

Es lamentable que las universidades, la Academia de Ciencias y el Conacyt se vean afectados por el recorte presupuestal poniendo en juego el desarrollo y la competitividad de la economía, pero sobre todo, anulando la posibilidad de que la brecha social se estreche y de que el recurso público se invierta en verdaderas oportunidades para los jóvenes.