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Viajeras de Ítaca – Desplastifiquémonos

  • Mariana Figueroa Márquez

Las playas de aguas prístinas que evocamos, especialmente en estos días de vacaciones, están en peligro de desaparecer. De continuar contaminando el mar como hasta ahora, con 8 millones de toneladas de plástico cada año, para el 2050 habrá más plástico que peces en el mar, de acuerdo con un estudio reciente presentado por el Foro Económico Mundial.

La cifra es alarmante y la ONU a través de su Programa para el Medio Ambiente (PNUMA) ya está tomando cartas en el asunto, ya que reporta que los plásticos, sobre todo las bolsas y las botellas, representan más del 80 por ciento de los residuos.

“Muchos animales, incluidos los mamíferos marinos, las aves, los peces y las tortugas, pueden confundir los plásticos por alimentos. Las tortugas marinas, en particular, confunden las bolsas flotantes con las medusas, uno de sus alimentos preferidos”, señala el portal Slow Fish.

A través de la campaña #Mareslimpios, lanzada a principios de año en la Cumbre Mundial del Océano, la ONU ha convocado a tres sectores: los gobiernos, para que aprueben políticas de reducción de plásticos, las industrias, para que disminuyan los empaques que utilizan este material y finalmente los ciudadanos, para que cambien sus hábitos.

Durante el encuentro, diversos países firmaron compromisos: Indonesia dijo que eliminará su basura marina en un 70 por ciento para 2025, Uruguay anunció impuestos a las bolsas de plástico y Kenia acordó eliminarlas por completo.

A nivel local, el gobierno del Municipio de Querétaro anunció hace un mes que la capital se convertirá en la primera ciudad del país en prohibir el uso de bolsas de plástico en centros comerciales y negocios. El objetivo es que para diciembre de este año no se utilicen y hayan sido reemplazadas por bolsas reciclables.

En el Mercado de la Cruz, del céntrico Barrio de La Cruz, algunos comerciantes ya están advirtiendo a la clientela que muy pronto no habrá bolsas de plástico por disposición oficial, por lo que hay que prepararse con una bolsa de tela o de plástico no desechable.

Lo cierto es que necesitamos someternos a una desplastificación. Se trata de encontrar maneras diferentes para eliminar desperdicio innecesario, por ejemplo: si usted compra 4 filetes de pollo y lleva un tupper para transportarlos, habrá eliminado 4 pedazos de plástico que utilizan los marchantes para separar cada una de las piezas, más la bolsa plástica en la que se los entregan.

Hay que eliminar el uso de popotes, reemplazar las botellas de agua con termos o cantimploras y de visita en la playa no solo hay que evitar tirar basura, sino recoger la que encontremos a nuestro paso una vez que nos marchamos. Además, hay que rechazar joyería de coral y accesorios hechos con conchas de carey porque atentan contra los ecosistemas marinos.

Estamos a tiempo para desplastificarnos y dejar de envenenar a nuestra mayor fuente de oxígeno; de lo contrario, llegará el día en el que no podremos partir el pescado que llega a nuestra mesa sin encontrar adentro la basura que por años depositamos en su hogar.

marianafm@gmail.com