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Viajeras de Ítaca — El divino Dalí

  • Mariana Figueroa Márquez

Querido y divino Dalí (inicio esta carta usando las mismas palabras que usabas tú cuando te escribías cartas a ti mismo): ¿Cómo estás? Pensé en ti hace unos días, el 11 de mayo exactamente, tu cumpleaños. Si tuvieras ese gen longevo de la francesa Jeanne Calment, la persona más anciana que la historia moderna ha documentado, habrías cumplido 113 años y el mundo, seguramente, sería un lugar aún más surrealista. Pero desde que tu amada Gala partió en 1982, se notaba que no tardarías en seguirle los pasos.

Por acá todo está igual, o peor. El arte se ha convertido en una tomada de pelo, pero no quieres saber de eso. Te complacerá saber que todos te recuerdan. Tu locura sigue siendo una de las más celebradas en el mundo. No conozco a ninguna persona que no sepa de tus relojes blandos, aunque pocos saben de tu pasión por la ilustración, esa que quedó para la posteridad en ediciones de los grandes clásicos de la literatura.

Justo hace poco recordé cuando conocí uno de tus espacios predilectos, tu obra cumbre y tu laboratorio de arte, el Teatro Museo Dalí en Figueres, no muy lejos de Barcelona. Ahí, en la que es hoy tu morada final, fue donde descubrí ­­­­­­tu veta de ilustrador. Me encontré con que eras fanático de Don Quijote y que hiciste obras para un libro publicado en 1946, en el que recreaste al ingenioso Hidalgo con una cabeza hueca en la que dibujaste tres estantes, uno de ellos con un borrego dormido dentro. ¿Por qué un borrego?

Luego, en 1969, creaste esas 13 ilustraciones para el libro de “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Carroll, con imágenes alucinantes y llenas de colorido en las que diste vida a la pequeña Alicia. Colocaste uno de tus clásicos relojes blandos, sin duda un sello personal, en la obra titulada “Merienda de locos”. En las piezas que hiciste para “Macbeth” y “Como gustéis”, de Shakespeare, me sorprendieron esa intensidad y ese trazo desenfadado aunque siempre perfeccionista y libertario de tus obras. Dibujabas la silueta humana y su musculatura como pocos.

Fuiste un artista desafiante, querido y divino Dalí, un genio que sorprendió al mundo, como tú mismo lo vaticinaste en uno de tus diarios cuando tenías sólo 14 años. Recuerdo haber pensado en lo juguetón que eras cuando en el museo me percaté de que algunas de las obras tenían ranuras para insertar monedas, ¿qué era esto?, ¿un parque de diversiones de arte? No pude resistirme. Me acerqué a tu instalación “El carro-naval”, de 1978, y coloqué en la ranura mis centavos de euro; entonces, adentro del Cadillac pintado como taxi comenzó a llover, mojando al maniquí que iba de chofer y la maleza artificial que los rodeaba.

La polémica sobre tu entierro continúa 28 años después de tu muerte, increíble, ¿cierto? Muchos dudan sobre la petición final que el alcalde de Figueres asegura que le hiciste de ser enterrado bajo la cúpula del museo. Algunos abogan por que se cumpla tu última voluntad escrita: ser enterrado junto al amor de tu vida, Gala, en el Castillo de Púbol. La controversia ya hasta le dio tema a un periodista para escribir una novela al respecto, ¿puedes creerlo? Se llama “Dalí. Corpore bis sepulto”. Ya te hablaré de eso en otra carta. O quizá espere a la noche, y te lo platico en persona. Mientras tanto, recibe un abrazo y mi admiración.

marianafm@gmail.com