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Viajeras de Ítaca – El Museo de la Muerte

  • Mariana Figueroa Márquez

Hace unos días estuve en San Juan del Río y aproveché para visitar por primera vez su Museo de la Muerte, con la promesa de que era uno de los sitios imperdibles en esta ciudad.

El recinto abrió sus puertas en 1997 y está ubicado en el Panteón de la Santa Veracruz, detrás de la Iglesia del Calvario, conocida también como Capilla de la Santa Veracruz; fue fundado durante el insalubre siglo XVIII, en una época en la que era necesario evitar la propagación de epidemias enterrando a los muertos en las afueras de lo que entonces era el municipio. Hoy se podría decir que está prácticamente en el centro.

La colección que alberga es modesta. En la primera sala cuenta con una representación de los ritos prehispánicos de la muerte, una explicación de cómo se enterraban los cuerpos en lo profundo, y luego sobre ellos, perros que los guiarían por el inframundo. Hay una cámara en donde yace el maniquí de una monja coronada, ya que, según la tradición católica, a estas mujeres dedicadas a la fe se les colocaba una corona en su lecho de muerte si habían tenido una vida ejemplar.

Existe además una colección de retratos mortuorios, muy comunes desde el siglo XIX en México, que erizan la piel con sus miradas gélidas que ven hacia ninguna parte.

Al salir, se puede recorrer el pequeño panteón, donde se realizó un entierro por primera vez en 1856, el de la sanjuanense Martina de los Ángeles, quien murió a los 31 años víctima de un derrame cerebral.

Una de las cosas más destacables del espacio es la espectacular vista panorámica que ofrece. En la segunda galería, hay pequeñas representaciones de la muerte realizadas en papel maché y algunos cuadros que la evocan, y al lado de esta pequeña sala hay una cripta, que puede verse a través de una puerta.

Pese a que se trata de un museo especial por la peculiaridad de su ubicación (en el lugar mismo en el que habita la muerte), y que el personal del lugar es en extremo amable, es inevitable señalar que las condiciones del espacio podrían mejorar mucho.

No obstante que hace dos años se habló de un proyecto para rescatar la historia de este camposanto y museo, la realidad es que el lugar luce descuidado, aún en vísperas de la que es su época más concurrida del año. Hay muchos aspectos por mejorar, empezando por la museografía.

Sería bueno convocar a los artistas locales a que realizaran obras con el tema de la muerte para dotar a este recinto de una colección de arte actual que bien podría sustituir las decenas de figuritas de papel maché de la segunda sala.

Valdría la pena que el Gobierno de Querétaro volteara a esta potencial joya turística e invirtiera en un proyecto para darle brillo a este recinto que es, más allá de atracción turística, un eslabón con la historia de este municipio y sus habitantes.

 

marianafm@gmail.com