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Viajeras de Ítaca – El sacrificio humano en Tenochtitlán

  • Elizabeth Mejía

Uno de los temas más escabrosos del México antiguo es el sacrifico de seres vivos.  Sin duda alguna el sacrificio humano es polémico por varias razones. Por una parte y confiando plenamente en los relatos de militares, sacerdotes hispanos, lo que unido a los códices y escritos de los indígenas convertidos, no deja duda de la práctica ritual del sacrificio humano. La segunda gran interrogante es su frecuencia, ya que los estudios de serios etnohistoriadores muestran que, la práctica del sacrificio humano, era realizada solamente en fiestas de dioses específicos y en días particulares, a lo largo del año y de acuerdo a su calendario ritual, de modo que no era todo el tiempo y tampoco eran miles de personas las sacrificadas.  Ello porque la creencia de numerosos sacrificios surge de interpretaciones a las crónicas hispanas, lo que aumenta de magnitud y pasa a la opinión pública con el cine con películas como “Apocalipsis” dirigida por Mel Gibson.

¿Pero qué hay de cierto en todo esto? Gracias a los trabajos de excavación realizados en el Proyecto Templo Mayor y el Programa de Arqueología Urbana en la Plaza Oeste y otros edificios del recinto sagrado de Templo Mayor en Tenochtitlán, hoy podemos confirmar algo de esta información. Los arqueólogos Ximena Chávez Balderas, Raúl Barrera Rodríguez y María García Velasco publicaron en la Revista Arqueología Mexicana, en el número 143 y la página 8, un trabajo titulado “Víctimas de sacrificio en el recinto sagrado de Tenochtitlan.” El citado artículo fue introducido en las redes sociales en esta semana.

De acuerdo con éste,  para hablar de la de cantidad de víctimas que eran inmoladas en las ceremonias, establecen que en muchos de los rituales se privaba de la vida a cautivos y esclavos. Esto  se efectuaba en el Templo Mayor, sin embargo, ya terminado el sacrificio, los restos tenían varios destinos, ya que las cabezas cercenadas como parte de ceremonias de consagraciónn e inauguración se limpiaban para ser exhibidas en el Tzompantli, incluso tiempo después. Más tarde el cráneo se retiraba de ahí y se utilizaba para fabricar máscaras ceremoniales; los restos mortales se solían enterrar.

Tras su estudio los autores establecen que se han hallado, en las excavaciones en el recinto sagrado, un total de 153 individuos que muestran evidencia de haber sido inmolados o con huellas correspondientes al sacrificio y de tratamientos post-sacrificiales. Y la mayor evidencia de esta práctica se encuentra al pie del Templo Mayor y hacia el poniente, asociada a la plaza, el Cuauhxicalco, el Calmécac, el Juego de Pelota y, por supuesto, el Tzompantli.

La estrecha colaboración entre  los proyectos mencionados ha permitido estandarizar algunas metodologías de excavación, registro y análisis. Así, ocupan el mismo método de estudio para calcular el número de personas halladas en las excavaciones y después calcular “el número mínimo de individuos a partir del registro de puntos anatómicos en restos fragmentarios y tomando en cuenta las relaciones estratigráficas de los contextos estudiados”. Esta tarea conjunta no ha concluido pero ha permitido contabilizar, hasta el momento, 519 individuos,¡ recuperados en las ofrendas y los rellenos constructivos de esta extensa área del recinto sagrado, incluyendo el Templo Mayor, lo que habría ocurrido en un lapso de aproximadamente 80 años de la historia expansionista mexica. Todo esto confirma que el sacrificio humano existió pero que no eran decenas de miles de víctimas anuales como mencionan algunos de los cronistas.

toluquilla.elizabeth@gmail.com