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Viajeras de Ítaca – Elena se volvería a morir

  • Mariana Figueroa Márquez

De cara al centenario del natalicio de Elena Garro, el próximo 11 de diciembre, su obra “Reencuentro de personajes” -editada por primera vez en 1982- estuvo en el ojo del huracán hace unos días, luego de que la editorial española Drácena decidiera reeditarla con un tiraje de 750 ejemplares en los que se colocaría un cintillo que seguramente a alguien le pareció brillante: “Mujer de Octavio Paz, amante de Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admiradora de Borges”.

Las redes sociales, como era de esperarse, se encendieron. De entre todas las cualidades de Garro, quien es para muchos la más importante escritora mexicana después de Sor Juana Inés de la Cruz, la editorial decidió presentarla no como precursora del realismo mágico, ni como poeta, periodista y dramaturga, sino como “la mujer de, la amante de…”. Pareciera que el redactor de aquel cintillo había salido de una de esas revistas de la farándula que apelan a titulares escandalosos sobre los amoríos de artistillas para asegurar sus ventas.

Una estrategia publicitaria burda bastó para hacernos sentir que estábamos de vuelta en el siglo 19, donde las mujeres escritoras no tenían cabida. Basta recordar cómo, para ser tomadas en serio, muchas de ellas tuvieron que usar pseudónimos masculinos para publicar sus obras, como las británicas Charlotte Bronte, quien usaba el nombre de Currer Bell; y Mary Ann Evans, quien firmaba como George Elliot; además de la escritora francesa Amandine Aurore Lucile Dupine, quien publicaba como George Sand. Vivieron en una época en la que escribir era un privilegio de hombres.

Algunos portales de noticias hicieron el ejercicio de crear cintillos en el mismo tono para afamados hombres escritores, para dejar por sentada la absurda estrategia de la editorial en lo que se supone sería una reedición para homenajear a la escritora mexicana.

El miércoles pasado, la editorial dio a conocer que la fajilla del libro sería retirada y uno de sus representantes explicó al periódico El País, vía correo electrónico, que no hubo dolo en la estrategia publicitaria.

“Con la faja queríamos poner en contexto la importancia literaria de Elena Garro, autora totalmente desconocida en España. La forma de hacerlo ha sido totalmente errónea y vamos a dar orden inmediatamente a las distribuidoras para que retiren la faja lo antes posible de todos los libros”.

Al ver el atroz cintillo, ¿qué hubiera pensado Elena Garro, quien vivió a la sombra de Octavio Paz, quien le prohibió incluso publicar poesía “porque ese era su terreno”? Seguramente se hubiera vuelto a morir.

@marianfi