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Viajeras de Ítaca – En un “más allá” muy lejano…

  • Susana Pagano

Cuando era muy pequeña creía que todos los escritores estaban muertos. Me los imaginaba como seres superdotados que habían vivido en un tiempo muy muy lejano del mío, siglos atrás, en lugares remotos e inaccesibles. Pensaba que de ellos sólo permanecían sus obras maravillosas siendo éstas las que los conservaban vivos y presentes entre nosotros. Pues no podía ser que aquellos hombres y mujeres inventores de semejantes y fantásticas historias que sucedían en castillos medievales oscuros y lóbregos, fueran personas que vivieran y respiraran al mismo tiempo que nosotros. Y bueno, sin duda muchos de ellos en efecto estaban muertos.

De alguna manera, el inconsciente infantil crea un mundo imaginario en el que habitan aquellas personas hacedoras de mundos fantásticos convirtiéndolos a ellos mismos en personajes de ficción. Y de ahí que exista algo parecido a un mito en torno a los escritores. Me ha sucedido que, al decir mi profesión ante la pregunta específica, el interlocutor se me queda mirando con expresión de absoluto asombro como si, en efecto, todos los escritores estuviéramos muertos, fuéramos seres de otra galaxia o, incluso, de otras dimensiones. Se nos olvida que todos, alguna vez, fuimos inventores de nuestras propias fantasías… Pero el tiempo y la madurez todo lo corrompe, y se comienza a perder esa extraordinaria imaginación que nos llevaba a creer en la existencia de brujas desdentadas y gnomos verdes. Así que muy pocos continuamos en la exploración de la fantasía, pues la mayoría decidió abandonarla en pro de la “madurez”.

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Pero de que todos fuimos creativos y fantasiosos durante la infancia, lo fuimos. De que todos desarrollamos –no necesariamente en un papel- nuestras propias historias descabelladas, lo hicimos. Incluso los niños de hoy en día tan acostumbrados ya a la tecnología y a la dinámica cibernética, lo hacen. El problema es que un día nos hicieron creer que los dragones no existían, mucho menos los duendes y ya no se diga las hadas. Nos vendieron el cuento de que la vida es otra cosa más siniestra, más difícil; nos arrancaron la capacidad de asombro, y la de ser creativos y escritores natos porque, en el fondo, todos fuimos escritores alguna vez. Por eso algunos seguimos siendo niños…

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