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Viajeras de Ítaca – Estampas de amor y muerte: la presentación

  • Levy Barragán

Cuando  llegó a mis manos la invitación a la presentación de la novela de Juan Antonio Isla, “Bajo los almendros: estampas de amor y muerte” (Siglo XXI, editores) que tuvo lugar el pasado jueves 31 de agosto en el espléndido Museo de Arte, no tuve la menor duda en asistir para no perderme ni un detalle del evento. Primero porque la fina pluma de Juan Antonio es una garantía de calidad literaria, segundo porque entre los comentaristas estaba el reconocido intelectual Inocencio Reyes Ruiz, y tercero porque sabía –como ocurrió- que asistiríamos un nutrido grupo de amigos que respetamos y admiramos la trayectoria del autor, pues entre las valiosas aportaciones que ha hecho a la vida cultural de Querétaro destaca la recuperación de lo que desde entonces ha sido -gracias a su gestión- el Museo de Arte, además de un legado sin precedente, de producción editorial en la localidad. Quienes tenemos la fortuna de conocerle de cerca, hemos disfrutado de su aguda inteligencia, sensibilidad, ingenio y extraordinario sentido del humor.

La cita fue a las 19 horas. Yo llegué media hora antes, para tener una buena ubicación. Aproximadamente 300 sillas. No tuve la menor duda de que todas se ocuparían, cosa excepcional cuando se trata de la presentación de un libro en Querétaro, pues he visto que en esta clase de eventos asisten cuando mucho alrededor de 40 personas y en el peor de los casos menos de 10.

Quince minutos después de las 7 de la tarde, dio inicio. Federico de la Vega presentó a los integrantes de la mesa de honor, enseguida Diana Rodríguez hizo una detallada reseña de la novela. A continuación Inocencio Reyes Ruiz, con una intervención donde desplegó ingenio, fino sarcasmo y sentido del humor, nos llevó al punto álgido del evento. En este espacio quiero destacar fragmentos memorables que nos provocaron, desde la reflexión hasta la risa contenida cuando leía algún pasaje pícaro de la novela o cuando sugería sutilmente grandes similitudes entre algunos de los personajes con actores de la realpolitik queretana. Me tomo la libertad (con una disculpa por delante para Inocencio) de elegir el orden de los fragmentos que de su intervención seleccioné:

“El telón de fondo es la guerra civil que sobrevino con el asesinato de Madero en 1913. La Revolución pasó por la ciudad, pero no se le dio la gana quedarse a vivir aquí. Aquí no pasó nada. Aquí nunca ha pasado nada. Aquí sigue sin pasar nada”.

“Dos hombres, dos patriarcas rivales, dos familias, dos hacendados dueños de miles de hectáreas y miles de vidas miserables…Es el ocaso del régimen de servidumbre, el principio de un fin que no llega. Los personajes siguen vivos, con otros disfraces.”

“La novela no es una cronología de sucesos; el novelista juega inteligentemente con los hechos y con los tiempos. Adelanta el reloj, lo atrasa, regresa a un presente invisible, musicaliza con una asombrosa sencillez la obertura de la tragedia”.

“La novela Bajo los almendros no cae en la tentación de la estridencia ni de los juicios de valor. Los personajes hacen como que no ven el estruendo revolucionario y hacen como que no oyen el rumor del tiempo. Sin embargo, su mundo se desgaja y los personajes se acicalan con la mortaja de desgracias que desgarran sus inesperados destinos”.

“Es una novela de apariencia inofensiva, de lectura sencilla; pero hay que estar muy atentos a la tragedia que burbujea su veneno de amor y muerte de los personajes, de la catástrofe que puso fin a una época. Disfruten la novela. Como hacía Chejov, juguemos a cazar reflejos de sol entre las sombras. Pero que lo dicho quede entre nosotros. Ya saben cómo es la gente de aquí. Por eso no digo nada, para que nadie piense que quiero decir algo”.

Para finalizar, el mismo Juan Antonio Isla nos compartió cómo fue el momento en que sembraba las primeras palabras de su novela: “Quizá inicie con un gran lugar común cuando afirmo que el acto de escribir es un hecho misterioso y mágico […] En mi caso, en una noche de insomnio no me llegó ninguna musa, simplemente me senté frente a la computadora y escribí una frase. No sé si existe la inspiración pero el acto de escribir si exige un cierto estado de ánimo. […] Escribí y escribí. No hubo un plan ni necesidad de armar un rompecabezas. […] La mayoría son personajes de ficción, yo les pediría a mis parientes no buscar identificaciones, aunque la novela sí tiene la influencia de un pasado familiar. […] es posible que haya incongruencias históricas, pero es importante advertir que no se trata de una novela histórica. […] no faltarán los puristas que puedan reclamar algunas menciones de personajes y situaciones. Aquí lo histórico es un aderezo, un pretexto…”. Queridos lectores, este libro pueden conseguirlo en la librería El Alquimista (Morelos, a un costado del templo del Carmen) con un descuento del 40%. No se lo pierdan!