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Viajeras de Ítaca – Hallazgos en la Ciudad de México

  • Elizabeth Mejía

En los últimos días las redes sociales se han invadido de dos noticias importantes sobre hallazgos en el primer cuadro de la Ciudad de México.

Antes que nada, debemos recordar que los españoles arrasaron todas las construcciones quitándoles altura, de modo que el templo mayor que debería tener alrededor de 30 metros de altura, quedó en unos ocho metros y dejó subestructuras parcialmente descubiertas, además, usaron la piedra y cubrieron el templo con otros los edificios hispanos. Por ello, en 1978 primero hallan a la Coyolxauhqui y se inicia el Proyecto de investigación, en la que destapan apenas una pequeña parte de los conjuntos prehispánicos. En los últimos años el Proyecto de Arqueología Urbana ha estado pendiente de monitorear cualquier obra en este sector y, de ser necesario, de hacer un rescate de información y de materiales arqueológicos.

La primera noticia fue porque querían hacer un museo de chocolate, atrás de la catedral y hallaron un tzompantli; sabemos que fue una construcción edificada con cráneos humanos, esto quiere decir que cada uno de los cráneos se limpió y se hizo una perforación para colocar un cráneo por los orificios y luego hacer una construcción con madera. Pero, ya en el pasado y bajo catedral, muy cerca del Templo Mayor de Tenochtitlán hallaron una concentración de cráneos y pensaron que era un tzompantli destruido, sin embargo. lo que hallaron ahora es diferente, ya que usaron los cráneos como material de construcción para hacer una estructura circular.

En el segundo hallazgo -y al parecer muy cerca del otro- hallaron una ofrenda. En ella se ocupa a un animal, específicamente un joven lobo de unos ocho meses que representaba a Huitzilopochtli, dios del sol y la guerra. También era considerado un guía para que los guerreros muertos cruzaran por un peligroso río, bajo nuestros pies y camino del inframundo para obtener el descanso eterno. La ofrenda tenía 22 piezas completas de finas láminas de oro, entre ellas encontraron pendientes, una argolla nasal y un pectoral en forma de disco. El encargado de la excavación, arqueólogo Leonardo López Lujan comentó que este hallazgo se realizó en abril, en una bóveda de piedra detrás de la catedral y cerca de la escalinata del Templo Mayor, y apenas realizaron la limpieza e identificación de toda la ofrenda.

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