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Viajeras de Ítaca – Historias en cuerda

  • Elizabeth Mejía

Desde los primeros tiempos y antes de ser humanos, los pre-hombres idearon la forma de tener recipientes y bolsas. Primero, usaron el estómago de animales que, bien curtidos, fueron bolsas para líquidos y granos.

Tiempo después, los primeros humanos tejieron cuerdas y fibras para lograr tener recipientes, esto es cestas. Así se integraron a la vida cotidiana una gran variedad de recipientes. Las cestas fueron realizadas con palmas, púas de pino y cordeles, al principio fueron sencillas, y al paso del tiempo combinaron dos o tres colores de fibras y lograron integrar muchos diseños.

Al norte de México, en los actuales estados de Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas y en la península de Baja California, la tradición de hacer cestas continúa hasta nuestros días.

En fechas recientes, el grupo étnico Kumiai de Chihuahua continúa fabricando cestas y en ellas nos dejan conocer parte de su historia. La señora Aurelia Ojeda, de la comunidad de San José de la Zorra, entregó al Museo del INAH de Ensenada Baja California Norte una pieza, un tecomate. Alrededor de la pieza se observa a una serpiente, que en su cultura fue la creadora del mundo. Primero vivía confinada en una vasija, reuniendo el conocimiento del mundo, pero un día, salió de la vasija y regó su conocimiento a todos. En la cesta de junco la señora muestra arte de la historia de su familia, cuando la serpiente salió y por arriba de su cuerpo representa figuras de los hombres y mujeres de su familia, su papel en su mundo y en la familia. Con ello vemos cómo hoy un plato o una vasija fabricada con cuerdas, narra una historia, el único trabajo es conocer la mentalidad o visión del cosmos que tienen sus habitantes para entender cómo cada cesta es parte de la historia del grupo familiar y de los actuales.

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