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Viajeras de Ítaca — Ian Graham. In memoriam

  • Elizabeth Mejía

Esta semana murió una leyenda en el mundo arqueológico. De acuerdo a su auto biografía, Ian James Alastair Graham nació en Campsea Ashe, Gran Bretaña en 1923. Perteneció a una familia adinerada, por tanto se educó en las mejores escuelas inglesas. Estudió física en el Trinity College de Oxford, carrera que abandonó temporalmente para enlistarse en la Armada Real Británica durante la Segunda Guerra Mundial, y que concluyó hasta los años 50.

Pertenecía a una familia de la alta sociedad inglesa, descendiente de Oliver Cromwell, lo que le permitió conocer a personajes importantes como Rudyard Kipling y desde su infancia viajó a lugares extraordinarios y exóticos. Aunque él narraba que el viaje que marcó su vida lo realizó en 1965. Contaba que, un día, caminando cerca de Picadilly vio un espectacular Rolls Royce, de manera que pensó en comprar el auto y llevarlo a Estados Unidos para venderlo y obtener una buena ganancia. De esa forma llegó a Nueva York donde emprendió un viaje por todo el país manejando, ya que su meta era ir hacia California.

Narraba que, al pasar por Texas vio un letrero anunciando la última gasolinería antes de adentrarse a México, así entre la curiosidad y la aventura se desvió y recorrió México desde Texas hasta la Ciudad de México. Llegando al Distrito Federal, visitó las atracciones más importantes, entre ellas el Museo Nacional de Antropología, recién inaugurado. Decía que, al entrar a la sala Maya de ese museo, sintió de inmediato una atracción enorme, por ello, saliendo de ahí buscó más información. Seguramente lo remitieron a la Escuela Nacional de Antropología, que en aquellos años se ubicaba arriba del museo. Al leer un poco del tema, se propuso escribir un libro sobre los mayas, pues no tenía otros compromisos.

Al final, vendió el auto y con las ganancias obtenidas regresó a Inglaterra y buscó más información sobre los mayas en el Museo Británico, donde conoció la obra de Alfred P. Maudslay. Convencido en su meta de conocer más sobre la cultura maya, compró el equipo básico y necesario para ir a la selva y regresó a México para viajar por la zona maya de nuestro país y Guatemala. Recorrió Palenque en Chiapas, y en Guatemala, los sitios del río de la Pasión y muchos del Petén. Al final de su viaje buscó relacionarse con los principales mayistas de la época, por ello viajó a Estados Unidos y entabló amistad con la epigrafista rusa Tatiana Proskouriakoft (1909-1985) del Museo Peabody de la Universidad de Harvard. Esto fue decisivo para que el inglés decidiera dedicar su vida a la decodificación de la escritura maya.

Por ello, a partir de 1968, Graham comenzó la labor sistemática del registro de las inscripciones mayas, mediante diversas calcas de diseños de muros, dinteles y toda inscripción a la vista. Fue así que inició una larga, fructífera y apasionada relación con la escritura maya, inspirado por Teoberto Maler, a lo que se dedicó hasta su muerte, ya que escribió una obra de más de 20 volúmenes.

Su trabajo fue solitario, ya que solicitaba permisos, llegaba a su destino en cualquiera de las provincias mayas que hubiera fijado, se iba a los pueblos donde pudiera contratar personal y se adentraba en la selva por meses. A lo largo de su vida calcó inscripciones en Guatemala, Belice y nuestro país. Se dio cuenta de que, después de su registro, regresaba al lugar y las inscripciones habían sido robadas, por lo que se convirtió en férreo defensor del patrimonio arqueológico maya. Contribuyó a impulsar leyes contra las prácticas ilegales del tráfico de bienes arqueológicos y la compraventa de piezas por parte de museos y coleccionistas privados en los Estados Unidos.

Sus investigaciones lo llevaron a fundar el Corpus of Maya Hieroglyphic Inscriptions, del Museo Peabody de Estados Unidos, donde fue investigador y emérito. Con su labor logró salvaguardar gran parte de la información que contiene la escritura maya, lo que fue su principal legado al patrimonio de México. Otro gran logro, fue realizar el registro documental, con fotografías y dibujos, de todos los monumentos de Yaxchilán, cuyos resultados publicó en tres volúmenes del Museo Peabody de la Universidad de Harvard. Recibió muchos reconocimientos, entre ellos la Orden del Imperio Británico, cuya condecoración fue otorgada por la Reina de Inglaterra, en 1999. En 2004, fue premiado por la Society of American Archaeologists; recibió en 2007 la Orden del Quetzal de Guatemala, y en 2008 recibió la medalla del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en reconocimiento a su trayectoria.

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