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Viajeras de Ítaca – Inversión en innovación: ¿gobierno o empresas?

  • Levy Barragán

Entre las reflexiones que se desprenden del reporte del Índice Global de Innovación (que evalúa a 130 países y mide 81 indicadores) están la necesaria inversión privada en materia de desarrollo e innovación, la urgencia de un plan de Responsabilidad Social Empresarial y la cada vez menos visible participación gubernamental.

De acuerdo con este Índice, los primeros lugares del ranking mundial de innovación 2017 los ocupan Suiza, Suecia, Holanda, Estados Unidos y Gran Bretaña. Por su parte, regiones como África, Europa del Este y el Sudeste Asiático avanzan con mayor velocidad en contraste con la ralentización de los países de América Latina, en donde Chile lidera con el lugar 46, seguido por Costa Rica (53), México (en un año pasamos del 61 al lugar 58), Colombia (65), Uruguay (67) y Brasil (69), entre otros.

Según datos de la OMPI, en materia de innovación, en 2016 Corea del Sur solicitó el registro del 15 mil 560 patentes, mientras que los países latinoamericanos y caribeños sumaron tan solo mil 400.

Por otro lado, la consultoría Big (especializada en innovación y marketing) informa que solo un 5 por ciento de las empresas en México ha desarrollado alguna innovación, de tal forma que en los últimos 15 años se registraron 300 mil patentes, versus Corea del Sur que, en el mismo periodo, registró casi tres millones.

Entre los factores que propician el estancamiento en ese renglón tan importante para el desarrollo, en México el gobierno federal contribuyó con un recorte del 23% al presupuesto del Conacyt en 2017. Hoy el presupuesto para ciencia y tecnología es del  0.54% del PIB, menos del 1% que se fijó como meta en el arranque de este sexenio. En contraste, Corea del Sur e Israel invierten en investigación y desarrollo de nuevos productos el 4.2% de su PIB, mientras que en AL el promedio es del 0.5.

La carencia en inversión para la investigación y el desarrollo tecnológico, por parte de los gobiernos (particularmente latinoamericanos y caribeños), tiene un esfuerzo compensatorio en Europa, por ejemplo, donde la inversión privada representa un 55%, y en el caso de Alemania hasta un 70%.

Desde mi perspectiva, se trata de organizarse y de construir alianzas productivas en este rubro, de replicar el modelo de la Triple Hélice que ha funcionado para impulsar la planta industrial y llevarlo al campo de la investigación que está situación de riesgo, ya que, como lo informó Conacyt en su “Informe general del estado de la ciencia, la tecnología y la innovación 2015”, casi la mitad de la gente dedicada a la ciencia y tecnología está desempleada (La Jornada), 41.6 por ciento no tiene trabajo aun cuando el 12.1 cuenta con maestría y el 1.1 con doctorado.

Para finalizar, recuerdo que en la conferencia “Diseño del pensamiento: el poder de la educación”, dictada por Leon Segal, de Innovationship Silicon Valley, se enfatizó la importancia de ser creativos, de aprender a trabajar en equipo, de generar ideas a partir de otras ideas, de crear redes que multipliquen la experiencia y el conocimiento. “El diseño del pensamiento innovador tiene tres llaves: colaboración, creatividad y empatía”, y explicó que no hay fracaso, lo que hay es aprendizaje si se sabe capitalizar la experiencia.