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Viajeras de Ítaca — La herencia de Eloísa. Testimonios I

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

“Guadalupe, yo quisiera platicarle mi vida, ha sido muy dura, he vivido de todo, he estado al otro lado de la frontera, he dejado a mis hijos. Yo creo que a otras mujeres tal vez les serviría para prevenirse, para consolarse, para cuidar mejor a sus hijas” – Mary ¿estarías dispuesta a que publicáramos tus experiencias? – Si Maestra, lo que quiero es que le sirva a alguien, tanto dolor, tanto coraje, tanto miedo…

Conocí a Maricela en la misa de cuerpo presente de Eloísa (Elo), a la salida estaba inconsolable, su amiguita se le había muerto en los brazos, “sin quejarse, como un pajarito”. Maricela pertenece a una Asociación que vela a personas mayores que necesitan compañía, con amor y solidaridad, el pago de sus servicios es secundario (aunque necesario).

Al salir de la misa se acercó a mi hermana, quien la había contactado, le dijo gracias Señora Marce, yo me quedo con recuerdos muy bonitos de Elo, “mi viejita”. Mary acompañó durante dos meses por las noches a Eloísa, nunca faltó ni llegó tarde, al contrario, antes de la hora establecida ya estaba ahí; en el primer mes Elo estaba bien y le platicaba de su juventud, de sus papás y le mostraba cada fotografía de la casa en la que vivió. Ella le cantaba alabanzas y la tomaba de sus manos hasta que se dormía.

Por fin todos nos despedimos con llanto en los ojos y Mary le dijo a mi hermana que estaba a sus órdenes para acompañar a alguna otra persona, a hacer el aseo o cuidar niños. Yo en esos días no tenía quien me ayudara en la casa y la impresión que me quedó de Mary era buena así que le llamé para ver si podía venir a ayudarme. Llegó muy puntual, revisamos lo que tenía que hacer y me encargó artículos de limpieza.

Ella se cambió su ropa de calle por ropa de trabajo, ella en sus quehaceres y yo en los míos, así transcurrió la mañana. Ella preparó la comida y al mediodía (mi hora de comer) puse dos lugares en la mesa (algo inusitado) y le pedí que se sentara conmigo. En la plática supe que se había casado a los 15 años (se fue con el novio buscando salir de una situación para vivir otra más difícil) me contó que trabajó en un hotel muy lindo en la calle 5 de mayo del Centro Histórico, como recamarera, y después la pasaron a atender en el comedor. Me dijo que le gustaban los manteles blancos, las servilletas, las flores y las copas. Que se esmeraba por servir lo mejor que pudiera y que siempre estaba atenta con los huéspedes… pero, nada dura para siempre.

Después de esta experiencia, se fue a trabajar en los campos de Carolina del norte, al otro lado de la frontera. Allá tuvo experiencias buenas y otras amargas.  La forma que tiene Mary para expresarse es muy peculiar, todo se lo ofrece a su “dulcísimo Señor mío Jesucristo”. Tiene el hábito de escuchar alabanzas en su teléfono y siempre está deseándole lo mejor al prójimo. Ella pertenece a una comunidad cristiana y asiste al 4º y 5º paso de AA. Intuyo que hay en ella muchas experiencias para compartir y al enterarse que yo escribo “me ofrece sus anécdotas”, de primera mano. Yo estoy en la mejor disposición para transmitir sus testimonios que estaré publicando en una serie a partir de ahora, cada martes, en este espacio.

guayus@hotmail.com