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Viajeras de Ítaca – La maternidad y el parto

  • Elizabeth Mejía

Actualmente la maternidad tiene muchas caras, puede ser un gran suceso esperado por los dos padres y sus familias, o ser una pésima noticia cuando los padres son menores de edad, o cuando el embarazo es producto de una violación. Pensemos en la experiencia positiva de las mujeres que viven felices su embarazo versus las que lo viven con pesimismo. La primera mujer seguramente corre con un obstetra cada mes en forma puntual y con cuidado prever los detalles del parto, quizás acompañada de su esposo o de algún familiar. Busca un buen hospital de acuerdo a sus posibilidades económicas y cuando llega el momento, es atendida por un gran equipo que se encarga de que todo transcurra de forma séptica y al nacer el bebé se le realiza la prueba de APGAR y confirmar el estado de salud del niño, mientras el obstetra vela por el estado de salud de la madre. Así, en nacimientos sin problemas uno o dos días después la mujer se irá a su casa, y con ayuda de otras mujeres, o sola y su pareja, se encargarán del bienestar del niño.

 Ahora pensemos en épocas antiguas, lamentablemente no existen escritos, tipo diario, donde una mujer nos cuenta en primera persona lo que significaba para ella el ser madre, aunque tenemos información de los frailes, donde nos dicen que los descendientes eran esperados y para el cuidado de la madre hubo el oficio de parteras que con sus asistentes se encargaban del cuidado de la madre y del niño. A diferencia nuestra, la partera acudía regularmente a casa de la mujer embarazada para revisar que todo transcurriera bien con ambos, y ella calculaba la fecha del nacimiento. Para ello, cada partera era preparada cuidadosamente por parteras más viejas, ya que éste era un oficio.

Al acercarse la fecha, con unos siete días de anticipación la partera acudía a la casa de la mujer para supervisar la elección del lugar del parto, garantizar que todo estuviera impecablemente limpio y contar con todos los implementos, desde mantas, cuchillos de obsidiana, plantas medicinales y relajantes, hasta la disponibilidad de un temazcal. Ello porque antes del parto la mujer entra al baño de vapor para facilitar el parto.

 Recordemos que es una época sin tecnología, de modo que en esos siete días previos al parto, ambas mujeres, madre y partera conviven de manera muy cercana, para prevenir los riesgos, ya que si el niño todavía no da la vuelta para el nacimiento la partera debe ayudar, así ambas mujeres con masajes suaves colocan al bebé. Si el nacimiento transcurre fácil, rápido y sin problemas la partera se prepara para el cuidado post-parto, pero si hay problemas la partera traslada a la madre al temascal para ayudar con el parto y con asistencia de emplastos, cataplasmas, tes y resos ayudar a que el niño logre nacer.

Como podemos ver eran muchas las posibilidades de no poder enfrentar los problemas que durante el parto podían presentarse en las condiciones en que vivían, por ello las muertes maternas e infantiles eran abundantes. En cambio, cuando todo salía bien, las mujeres pasaban los siguientes siete días con muchos cuidados para continuar con su vida. La labor de la partera no concluía ahí, ya que dependiendo de cada pueblo, se ajustaba para las primeras dos acciones después del nacimiento: preparar a la madre y al niño para que, junto con el padre, acudieran con el sacerdote para que éste le pusiera el primer nombre al niño; la otra era enterrar el cordón umbilical. Entre los Mexicas, si era mujer, lo enterraban bajo el fogón, y si era hombre lo daban al padre, que a veces lo llevaba al campo de batalla si éste era guerrero, o los campos de caza si fueran cazadores. Pero en otras regiones como Oaxaca, el cordón era también un objeto de agüeros ya que se enterraba y los adultos observaban por varias horas para ver si algún animal lo olía o desenterraba, ya que ese animal sería el Tona, esto es el espíritu protector del niño que siempre estaría cerca de él y lo cuidaría; si el cordón se quedaba en la tierra, significaba que el niño tendría gran arraigo.

Así podemos ver que tanto la maternidad como el parto estaban rodeados de gran sacralidad y religiosidad.

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