imagotipo

Viajeras de Ítaca — Lilia

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

Lilia, sin palabras, va dejando que las manos rudas recorran su piel madura. Es mejor así, con los ojos cerrados, con la mente volando hasta evocar aquellos otros dedos que la adentraron a un mundo antes desconocido.

Lilia no sabe por qué su lengua tiene un sabor a sal, solo sabe que sus labios están rabiosamente cerrados. Sabe que en sus ojos se cuaja un llanto desde que desterró toda ilusión, desde que se entregó a ese hombre que hoy la posee en silencio.

guayus@hotmail.com