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Viajeras de Ítaca – Lo esencial de Jaime Rofe

  • Paulina Latapí

Antoine de Saint-Exupéry, en voz de “El Principito” expresó: “lo esencial es invisible para los ojos, sólo se puede ver bien con el corazón”. Ello lo constaté de manera contundente al escuchar a Jaime Rofe. Débil visual de nacimiento –su visión oscila entre el 15 y el 25%- hace 38 años se le pronosticó que difícilmente terminaría de estudiar la secundaria. Hoy Jaime es licenciado en sistemas computacionales por el ITESM, tiene maestría en High Performance Coaching y posee la primera certificación que se otorgó a una persona latinoamericana en ese rubro. Adicionalmente, obtuvo otra certificación de la Universidad de Toronto en Administración de Proyectos, amén de  haber cursado diplomados diversos. Pero dichos estudios son pocos comparados con hacer vida lo que hoy se denomina “aprender a aprender”. Para muestra un botón: durante más de dos años Jaime no ha dejado de cumplir con su propósito de leer un libro a la semana.

Por ello, escucharle platicar acerca de su ascenso al Kilimanjaro, en diciembre pasado, es  no sólo un deleite sino toda una lección de vida. Y lo es pues, a mi juicio, su discapacidad visual le ha hecho desarrollar la capacidad de pensar en términos de esencias, así que uno no sólo se motiva –como suele ocurrir al escuchar a personas como él – sino que consigue reflexionar sobre aspectos clave y útiles para la vida.

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Tras un sinfín de dificultades que van desde perder cinco vuelos debido a que su pasaporte estaba maltratado hasta el no poder contar con su maleta con la ropa propia para el ascenso, Jaime se reunió, luego de 40 horas de viaje, con las otras personas con discapacidades que se habían preparado para subir  la cumbre. Ellos  ya habían descansado cinco días  y completado su preparación física y anímica, en tanto que Jaime conseguía ropa y enseres para, “en vivo”, iniciar con ellos el ascenso. Así, en esas condiciones, Jaime fue el primero en lograr hacer cumbre, no sólo venciendo las adversidades y la montaña, sino a sí mismo. Y ahora, en retrospectiva, da cuenta de algunas de las esencias que le sirvieron para conseguirlo y para hacerlo ayudando a los demás de su equipo.

En un intento por ser coherente con la manera de transmitir de Jaime sintetizo las tres esencias que más me llegaron: el comprometerse a hacer lo mejor en cada acción que hagamos pensando que este instante podría ser filmado a modo de legado para nuestros descendientes; hablarse a sí mismo y a los demás en voz alta evitando los frecuentes juicios negativos internos que sólo nos drenan la energía; y tenernos y tener con los demás paciencia pues todo se logra gradualmente,  “paso a paso”.

Jaime Rofe ha tenidos muchos éxitos en lo profesional. Me  impacta sobre todo que haya roto records, trabajando en Nueva York, en prospección y ventas en una importante empresa del sector financiero tecnológico. Sobre estas bases seguramente su proyecto actual, que implica a América Latina, también “hará cumbre”. Si te interesa saber más acerca de él y de sus proyectos búscalo en redes sociales. Yo me quedo con la fragancia de este frasco de esencias que me obsequió. Y para ti, estimado lector, estimada lectora ¿qué es lo esencial en tu vida, en este año, en esta semana, en este día?