imagotipo

Viajeras de Ítaca – Los escritores beat

  • Mariana Figueroa Márquez

En los años 50, México vivió una de sus épocas doradas, donde florecieron la economía, la música y las artes. Esta tierra idílica fue un imán para algunos jóvenes escritores norteamericanos que la historia agruparía bajo el nombre de la generación beat.

Un recorrido visual y documental sobre la vida de algunos de estos autores fue inaugurado el pasado viernes en el Museo de la Ciudad de Querétaro, donde Jorge García Robles, máxima autoridad sobre William Burroughs y Jack Kerouac en México, compartió anécdotas y datos sobre ambos al inaugurarse la exposición “En la tierra de las ratas y el tequila”, nombre con el que Kerouac bautizó a nuestro país.

Burroughs, novelista, ensayista y pintor, vivió aquí uno de los sucesos que marcaron su destino como escritor: el 6 de septiembre de 1951, borracho, decidió visitar junto con su esposa Joan el departamento de su amigo John Healy, en Monterrey 122-10, en la Colonia Roma. Llevaba una pistola.

Bebían Oso Negro con limonada, relata García Robles en su libro “Burroughs y Kerouac: dos forasteros perdidos en México”. En esa reunión, William hablaba de su deseo de vivir en Sudamérica donde, dijo, se asentaría a la orilla de un río para cazar animales salvajes. Su esposa lo desafió con un comentario: “Pues de hacerlo nos moriríamos de hambre, eres demasiado vacilante como para dispararle a alguien”. “Te voy a probar lo contrario”, contestó Burroughs, “es hora de hacer nuestro acto de Guillermo Tell, vamos a probarles a los muchachos lo buen tirador que soy”.

Cuenta la leyenda de Guillermo Tell que el famoso ballestero, en represalia por no inclinarse ante el gobernador de Altdorf, Suiza, fue obligado a dispararle a una manzana colocada en la cabeza de su propio hijo, a 100 pasos de distancia. Si acertaba, sería liberado de cualquier cargo, pero si no lo hacía, sería condenado a muerte. Guillermo Tell sorteó el reto airoso; Burroughs no corrió con la misma suerte. Joan se puso un vaso sobre la cabeza y él le disparó, errando el tiro, que se insertó en su sien, ocasionándole la muerte una hora más tarde en la Cruz Roja.

En la exposición figuran los recortes de los periódicos de la época, las fotos de Joan, el departamento de la Colonia Roma y de Burroughs, quien pasó únicamente 13 días preso y luego huyó del país al que nunca quiso regresar, ni siquiera en el ocaso de su vida, cuando fue invitado por la UNAM para dar una charla sobre su trayectoria.

Colmado de fama, Burroughs murió a los 83 años y aunque su adicción al alcohol y a la mariguana eran conocidas, también era muy disciplinado, evoca García Robles; por las mañanas trabajaba muy duro, escribiendo y pintando, y luego comenzaba a beber y a fumar – a diferencia de Kerouac, a quien su adicción alcohólica le cobró factura, pues no podía controlarla. Bebía desde el amanecer, lo que le ocasionó cirrosis. Murió de una hemorragia interna.

El experto en el tema, quien conoció y platicó con Burroughs, afirma que él siempre se negó a hablar de su vida en México, mas los rastros visibles quedan para la posteridad: libros, fotos y recortes de prensa que nos permiten asomarnos a la intimidad de un grupo de escritores que marcó a una generación.

@marianfi