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Viajeras de Ítaca – Miguel Ángel y la Capilla Sixtina

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

Hablar de la Capilla Sixtina situada en la Ciudad del Vaticano (Roma) nos lleva a entrecerrar los ojos y dirigir nuestra mirada hacia lo alto, a buscar la figura de Dios Padre infundiéndole la vida a Adán, esta escena del Génesis que parece central en la cubierta, es una de las que integran los 500m2 de pintura mural que comprende la bóveda de la Capilla. Fue pintada al fresco por Miguel Ángel, el genio florentino del Renacimiento italiano que dominó las tres grandes artes: Pintura, Escultura y Arquitectura entre 1508 y 1512. El Papa Julio II convenció al artista de tomar el encargo ya que Miguel Ángel se rehusaba argumentando que él era escultor, no pintor. La autoridad del pontífice que ya antes había hecho otro encargo escultórico, la propia tumba de Julio II dejó sin posibilidad de negativa al artista.

La capilla tenía origen Paleocristiano y formaba parte de las fortalezas del Vaticano, en el siglo XV el Papa Sixto IV (de la misma dinastía de sangre que Julio II) la mandó restaurar y así fue bautizada con su nombre. Este recinto ha tenido gran importancia en la historia porque además de sus valores artísticos es la sede del cónclave para la elección del sucesor de San Pedro. La estructura de sus muros perimetrales es sencilla, lo peculiar es su cubierta: una bóveda de cañón longitudinal interceptada transversalmente por bóvedas menores que generan triángulos llamados lunetos y que dieron a los frescos de Miguel Ángel una superficie mayor y más dinámica que tan bien pudo utilizar el pintor.

Julio II dio libertad a Buonarroti para que realizara la obra y decidir las figuras que deseara incluir, solo pedía que se pintaran a los apóstoles. Miguel Ángel se pasó meses haciendo bocetos de los personajes, acostumbrado como estaba a dibujar ante el modelo humano para observar su anatomía que ya había plasmado en su escultura, se salía a las tabernas romanas, como lobo solitario para hacer sus apuntes de aquellos que ignoraban que podrían quedar plasmados en la bóveda. Celoso de su quehacer rompió fragmentos del trabajo ya terminado, ante la ira del Pontífice que preguntaba –cuando terminarás, cuando. La relación de Miguel Ángel Buonarroti con el Pontífice fue siempre ríspida, a pesar de su mutuo afecto, ambos tenían un genio fuerte que los hacía explotar. El Papa exigía a Miguel Ángel que le tuviera respeto y sumisión de súbdito, mientras que el pintor explotaba cuando a su salario mínimo pagado a destiempo se le quisieran hacer  reducciones. Más de una vez Miguel Ángel abandonó la capilla y regresó a su tierra Florencia, donde era reconocido. En cada ocasión el Papa mandó emisarios que lo hicieran volver.

Foto: Especial

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Julio II fue el clásico mecenas del Renacimiento, sabía que pasaría a la historia por su tumba, con la escultura del Moisés al centro, con la capilla Sixtina y su bóveda única pintada al fresco. También protegió a Donato Bramante, quien hizo la primera propuesta de la planta para la nueva Basílica de San Pedro, en la que Miguel Ángel desarrollaría más tarde la cúpula sin igual que domina la vista de la Ciudad Santa, Roma. Bramante, autor del Templeto en San Pietro in Monitorio, pequeño y perfecto templo en el sitio que fue crucificado San Pedro. Rafael de Sanzio, Rafael, otro grande del Renacimiento, protegido por Julio II estaba dispuesto a tomar el encargo en cuanto Miguel Ángel fallara otra vez. Deseo no precisarlo pero creo que en los páneles laterales hay intervención, pinturas de Rafael. Julio II murió en 1513 pero alcanzó a ver terminada la bóveda, no así los muros laterales, muy pronto le siguieron Bramante en 1514 y Rafael en 1520, nuestro genio universal Miguel Ángel vivió hasta 1564.

Miguel Ángel regresó a Florencia donde realizó la Biblioteca Laurenciana y su espléndida escalera, la inestabilidad de las Ciudades Estado, entre ellas Florencia, lo llevó a Roma en donde el Papa Clemente VII le pidió que volviera a la Sixtina para realizar El Juicio Final, de 1536 a 1541 culminando así con esta obra casi treinta años después. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, con esa visión propia de la Academia Neoplatónica en la que la belleza y el ser de las cosas el artista debía de buscarlo dentro de sí mismo, en un modelo innato. Así Miguel Ángel buscó siempre y ante todo la perfección y la interpretación propia que hoy podemos admirar, aquí en Querétaro: La Capilla Sixtina.

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