imagotipo

Viajeras de Ítaca – Mitote en el Teatro de la República

  • Paulina Latapí

El pasado viernes asistí a la función de cierre de la muestra de teatro histórico  que tuvo lugar en el Teatro de la República. En dicha muestra participaron nueve estados de la República con obras vinculadas al tema de la Revolución y por supuesto, a la Constitución. En voz de su organizador: “la respuesta del público fue excelente.” (Entrevista telefónica con el director de Difusión del Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura, Arturo Mora, 27 de marzo del 2017). Y efectivamente, la larga cola que tuvimos que hacer me dio la oportunidad de conversar  con algunos de los asistentes. Me impactó, en particular,  una abuela había llevado a sus nietos a la función del día anterior y que narraba la emoción de sus dos chiquitos por la historia.

Ahora bien, el cierre de la muestra estuvo a cargo del Colectivo Mitote, una experimentada compañía local. Y la obra que presentaron nos cautivó a los asistentes. A mi modo de ver su principal virtud fue la de presentar una perspectiva de la Revolución queretana y no oficialista. Hubo frases que resonaron muy fuerte como la de un trabajador de la fábrica de Hércules “los prietos hicimos ricos a la familia Rubio” o la de la protagonista, Petra, “la memoria es nuestra mejor arma” o “la alcurnia queretana no aprende de sus errores”. La buena factura del guión, con una estupenda actuación y una atinada ambientación hicieron que el público no sólo se divirtiera sino que también reflexionara.

Para realzar el valor que tiene el teatro histórico comparto aquí algunas reflexiones que, sobre este tema,  hace una gran filósofa contemporánea. Me refiero a Martha Nussbaum, prolífica académica estadounidense.  En su libro Emociones políticas  (2014), la  autora, quien ha sido una estudiosa de las tragedias y comedias griegas, enuncia que en la antigua democracia griega, en Atenas,  ambos géneros literarios desempeñaron un papel fundamental en la educación para la ciudadanía.  El espacio, los actores y actrices y el público -explica Nussbaum- contribuían al efecto de profunda emocionalidad que se propiciaba en las representaciones. “Abundan las anécdotas de intensas reacciones emocionales del público…incluso mujeres embarazadas a las que el espectáculo trágico inducía el parto.” Algo fundamental es que las emociones no se consideraban contradictorias con la argumentación y deliberación propias de la democracia sino, que, por el contrario, eran contribuciones sustanciales para el debate. En esto destaca la idea de que “el debate de argumentos no puede funcionar bien sin el concurso de la imaginación” pues conecta a las personas con la comprensión emocional que debe estar presente en todo debate democrático. La obra abunda en las funciones  que cumplían estos dos géneros literarios. Establece la bondad de las tragedias  para orientar la mente de las personas hacia la elección de unas políticas generales y equitativas y para favorecer la compasión pues se visibiliza la vulnerabilidad humana en diálogo con principios y normas morales colectivas.

Adicionalmente, las obras “…gracias a la poesía, la música y la danza, logran que las tribulaciones de los personajes adquieran especial viveza y resulten conmovedoras para el público”. Inspiran también “asombro, una intensa y placentera admiración maravillada del objeto de contemplación.”

Con base en  la vivencia de la obra y en las aportaciones de Nussbaum, no dudo en concluir que, en medio de nuestro convulso presente, el arte, y en este caso concreto, el teatro, tiene un misión muy poderosa que cumplir. Felicidades para el Colectivo Mitote.

platapik@prodigy.net.mx