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Viajeras de Ítaca – Mundos oníricos

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, publicó por primera vez su libro “La interpretación de los sueños” entre 1899 y 1900, hace más de 100 años. Freud consideraba que se podía llegar a trabajar con el inconsciente, ya que los sueños se dan en un nivel que no está regido con los convencionalismos ni la moral en turno. El paciente que sueña lo hace en plena libertad (con sus excepciones).

El mundo onírico, aquel referido a los sueños, se caracteriza por ser ajeno a la realidad y a sus reglas. Juega con el espacio y el tiempo con toda libertad, puede reunir a personas de diferentes tiempos históricos y no respeta la geografía.

Para esta Colaboración comparto fragmentos de sueño que una paciente escribió para su terapeuta hace 10 años aproximadamente:

Sueño I

Tuve un sueño del cual no quería despertar. Íbamos a un viaje con los compañeros de generación de carrera universitaria. El objetivo era visitar un pueblo que todo en su conjunto ofrecía servicios turísticos. La  primera parte consistía en observar como construían y luego pasábamos a ser turistas normales. Había muchos restaurantes como para gente bohemia. Yo estaba feliz, no quería que el tiempo terminara. Javier, el Patriarca del grupo, decidió que podíamos quedarnos otro día y que compartiríamos las habitaciones mujeres con mujeres y hombres con hombres, sabíamos que no sucedería al 100%. Lo que me gustó es como construían. Soñé que mi grupo se iba y yo me quedaba meses con la gente del pueblo.

Sueño II

Soñé que un día andaba con un amigo y que llegábamos a un mundo en que todo era al revés, algo que me divertía mucho. El suelo era como un tablero de ajedrez y al pisar las casillas se levantaban y abajo había un mundo diferente, te llevaba a un tiempo y espacio que habías vivido o ibas a vivir. Saludabas a tus vecinos del pasado y el pasado no era como era, en fin…

Algunos psicoanalistas te piden que anotes tus sueños y más que el contenido del sueño, te preguntan cómo te sentías al soñar y con eso trabajan.

André Bretón, Max Ernst, Eduard James en las Pozas y el Castillo de Xilitla, aplicaron en su obra los principios del mundo onírico de Sigmund Freud.