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Viajeras de Ítaca — Museos para sudar

  • Mariana Figueroa Márquez

Una docena de personas con ropa deportiva trota en grupo por las galerías del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. En ese templo sagrado del arte, se dejan guiar por dos mujeres peculiares que llevan el cabello recogido en un chongo, vestidos brillantes de gala que llegan hasta debajo de las rodillas y calzado deportivo.

Al llegar a la estatua de Perseo con la cabeza de Medusa, un mármol de más de dos metros de alto que data de 1804, se detienen, llevan las manos a la cintura y dan saltos abriendo y cerrando las piernas, al ritmo de “Staying Alive”, de los Bee Gees.

En una era donde el bienestar es una moda que cobra cada vez más adeptos que buscan ejercitarse y comer saludable, los museos no quieren quedarse atrás. Su modo de montarse en la ola fitness tiene diversas expresiones que no solo los vuelven tendencia sino que les ayudan a sortear sus problemas financieros. El Met ha creado un recorrido llamado “The Museum Workout” (El Entrenamiento de Museo), que define así:

Parte tour de galería, parte performance de baile, parte entrenamiento, “The Museum Workout” es un tour que deja a sus espectadores-participantes tanto sudados como inspirados. Después de dos carreras con lleno total, el entrenamiento regresa por una temporada limitada porque “resulta que, un poco de música y movimiento realmente pueden hacerte ver las cosas de manera diferente”, señaló la estación de radio neoyorquina WNYC.

El entrenamiento está coreografiado por Monica Bill Barnes & Company y la narración y ruta fue creada por Maira Kalman, y a través de ella los participantes corren, saltan, levantan los brazos y se ejercitan en un escenario de lujo. Al final, comparten un refrigerio con alimentos saludables y conviven.

El Museo de Brooklyn, por su parte, organiza un taller llamado “Art of Yoga” (el arte del yoga), una actividad bimestral en la que sus participantes pueden hacer las posturas del guerrero o del perro boca abajo entre las estatuas del Patio de las Bellas Artes.

La firma Flavorpill es la responsable de la clase de yoga en el Museo de Brooklyn, pero también de otra actividad llamada “Quiet mornings” (Mañanas silenciosas) en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde se ofrecen meditaciones antes de que el espacio abra sus puertas al público frente a obras como “Los nenúfares” de Claude Monet, además de charlas sobre mindfulness.

Conocedores del tema como el escritor Daniel Kunitz ven en este tipo de ejercicio una amenaza a los museos como recintos sagrados de contemplación, donde uno debería ir a perderse en las obras de arte, que tendrían que ser –en su opinión- el objeto de la atención del visitante y no solo un paisaje incidental.

En lo personal creo que los museos pueden diversificarse y ofrecer lo mejor de los dos mundos: la contemplación silenciosa y también la interacción en grupo de una sesión de ejercicio. ¿O no le gustaría echar una carrerita por las salas del Museo de Arte de Querétaro o participar en una clase de yoga en el patio del Museo Regional?

marianafm@gmail.com