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Viajeras de Ítaca – Reconstruyendo la cara de nuestros ancestros

  • Elizabeth Mejía

Cuando los arqueólogos realizamos la excavación de entierros, una de muchas de nuestras interrogantes es conocer la cara de los antiguos habitantes de cualquier pueblo. Desde hace unos treinta años la Arqueología ha echado mano de técnicas desarrolladas por otras disciplinas por ejemplo las ciencias forenses, que desde hace muchos años recurre a cubrir con plastilina moldes de yeso para hacer la reconstrucción facial de un cadáver. Sin embargo, no fue fácil extrapolar estas técnicas ya que al obtener moldes de yeso los cráneos antiguos podían dañarse.

Afortunadamente, en los años recientes, las ciencias han avanzado en forma vertiginosa, de esta forma se han desarrollado dos nuevas áreas, una es la especialidad de bioarqueología, que acerca al área de Antropología Física y la Arqueología para el estudio de los esqueletos en forma integral. Y dentro de ella la estereolitografía, que ha desarrollado varías técnicas para reconstruir la cara de nuestros ancestros.

Una técnica es hacer una tomografía o hacer un escaneo del cráneo y luego imprimir en tres dimensiones una réplica del mismo. Otra alternativa es obtener un modelo tridimensional en la computadora y hacer todo el proceso virtual e imprimir el modelo ya terminado. Con estas nuevas opciones los restos antiguos no se dañan.

Por todo esto, en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, existe hoy el proyecto las Caras de México, en donde varios investigadores hemos recurrido y pagado el servicio de reconstrucción facial de los antiguos habitantes. Obviamente estas técnicas son populares en todo el mundo, por ello ya podemos apreciar la cara del rey Tutankamon, diferentes reinas egipcias y de los primeros hombres, de hace más de 30,000 años. Y en nuestro país, restos de Teotihuacán, mayas o de “Pepita”, la niña momia de la Sierra Gorda, que con una antigüedad de 340 antes de Cristo es la queretana más antigua conocida.