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Viajeras de Ítaca – Serenata en el Centro Histórico

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

I

Cómo me hubiera gustado oír una serenata en el Centro Histórico de Querétaro, de esas que escucho hablar con arrebato y melancolía a mis tías cuando se quedan solas, cuando abren la reja, como si esperaran a alguien.

 II

Los centros históricos corresponden generalmente a las a las zonas de monumentos históricos, que cuentan con un decreto federal del INAH que obedece a la Ley Federal de 1972; en los centros históricos se concentran el mayor número de monumentos que van desde catedrales, parroquias, templos, conventos, casas de gobierno, colegios, academias, tiendas, accesorias, casonas señoriales y casas habitación comunes y corrientes en las que vive la población. Diez Centros Históricos, núcleos centrales de Ciudades Mexicanas, han quedado inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. México como País parte de la UNESCO ha firmado el compromiso de proteger a esas zonas de monumentos que tienen Valor Único y Excepcional.

Los sitios inscritos en la lista, como un plus adquieren una difusión de sus bellezas y sus valores históricos, arquitectónicos y urbanos y hoy por hoy de su Patrimonio Inmaterial que los convierte en Atractivos Turísticos de primer nivel promovidos en todo el orbe. Cabe hacer notar que es el turismo cultural el que busca estos sitios a la vez que demanda servicios de gastronomía, hospedaje, conexión a la web, transportación a otros atractivos próximos y demás elementos de los servicios turísticos competitivos que hacen los destinos más sofisticados o bien  abren la oferta a diversas clases sociales.

Querétaro en las dos últimas décadas ha visto nacer en el Centro Histórico  varias decenas de hoteles boutique de cuatro a diez habitaciones en los inmuebles que antes eran una casa habitación, también ha crecido el número de hostales para el turismo mochilero que por igual se van apoderando de las fincas y, los antiguos moradores emigran a los fraccionamientos de la periferia. La ciudad antes habitada por los vecinos originarios que residieron en inmueble por varias generaciones, por más de cien años, se va quedando vacía, ya no hay niños que vayan a la escuela ni marchantas que traigan las verduras o las tortillas, ahora proliferan los súpers con una imagen ajena al Centro Histórico que voraces se apoderan de cuanta finca semi abandonada  encuentran. Esta triste historia va en contra de lo que exige la UNESCO: mantener la habitabilidad para tener un centro histórico vivo y evitar la “gentrificación” (la expulsión de los moradores originarios para dejar su lugar a grupos económicamente más fuertes).

III

Serenatas en la calle de Vergara 1967

Les voy a hablar de lo que yo viví hace cincuenta años, cuando apenas empezaba a estudiar la prepa en la UAQ. Yo vivía en Vergara 14 con mi abuelita y mis hermanas; había otro Vergara 14, ahí vivían mis primas Alcocer Herrera, hijas de mi tío Pancho. Recorriendo la calle estaban las Izquierdo, las Altamirano, las Mendoza, las Alcocer Herrera, las Coronel, las Guadarrama y las Macías. Vivíamos en esa calle aproximadamente treinta jovencitas, treinta muchachas entre los 15 y los 25 años, eran tiempos en que aquel joven tímido que no se atrevía a hablarle a una muchacha, encontraba un recurso magnífico: llevarle una serenata. Había novios, pretendientes, un cumpleaños, unos quince años, un santo, una reconciliación. Así recuerdo noches de varias serenatas en la  misma calle, en la misma casa. Si no había mucha lana, los muchachos tenían que convencer a los amigos que tocaban la guitarra para que los acompañaran, a veces eran tríos, a veces un mariachi con mucha suerte llegaban con la Estudiantina “de la Uni Queretana”. Una vez llegaron con un piano arriba de una camioneta. En cuanto escuchábamos la música corríamos de puntitas a la sala, no prendíamos la luz, tratábamos de adivinar para quién era la serenata a las dos o tres de la mañana. Los brincos de gusto si era para alguien de mis hermanas, entonces al final mi abuelita nos permitía encender la luz un momento. Así pasábamos las noches: Dos o tres serenatas en la misma noche, en la misma calle, en la misma casa.

Así las serenatas recorrían con su música las calles del centro, la música subía por la fronda de los árboles y se quedaban cerca del kiosco a esperar que fuera jueves y domingo. En todas las calles había casas habitación y en las casas había muchachas que soñaban que la serenata fuera para ellas.

 IV

Despierta, dulce amor de mi vida, despierta, si te encuentras dormida, escucha mi bien cantar bajo tu ventana, con esta canción te vengo a entregar el alma; Perdona que interrumpa tu sueño, pero no pude más y esta noche te vine a decir: te quiero. Era común escuchar Tres regalos, Como un granito de sal, Sabor a mí, Eternamente te amaré. Con nostalgia observamos que esta manifestación que era cotidiana ha desaparecido casi totalmente en el Centro Histórico.

guayus@hotmail.com