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Viajeras de Ítaca – Un día, toda una vida

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

I

El jueves diecinueve como todos los días importantes empezó la víspera, el segundo día de clase del semestre con un grupo de treinta alumnos, algo inusual, pues yo estaba acostumbrada a grupos más pequeños. El contenido del curso me apasiona, así que abrí la computadora para valorar el material que tenía sobre el tema: Barroco y Neoclásico, contenidos básicos para comprender la Arquitectura Mexicana, el “terror vacuí”. El arquitecto mexicano-alemán Max Cetto llegó a decir que la voz más auténtica de la arquitectura mexicana era el Barroco.

Como antecedente del curso creí necesario remitirme a unas décadas que aún pertenecen al Renacimiento y recordé algo que había escrito al respecto: “Reyes, Papas, Humanistas y Reformadores”, me sigue pareciendo importante hablar de personajes que vivieron  simultáneamente y que cambiaron la geografía religiosa y política de Europa, que de ahí vendría la Contrarreforma de la Iglesia “Católica” Romana deviniendo en  el Concilio de Trento y el nacimiento de la Compañía de Jesús. Un vuelco del Humanismo Racionalista al Misticismo español encarnado en la  figura de San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila. En fin había que mencionar a  Enrique VIII, a Tomás Moro, a Carlos V, a los Papas Julio II y León X y, por supuesto, al monje alemán Martín Lutero. Guardé el archivo en la memoria usb junto con un “power” que contenía las imágenes, apagué la computadora y me fui a dormir.

Jueves 19 me levanté temprano, después de bañarme tomé un jugo verde y un poco de cereal, le pedí a Livia, quien me ayuda en la limpieza de la casa, que adelantara un poco la comida y me fui a la UAQ, en mi mente iba repasando la clase, entonces con horror recordé que no traía la memoria usb, simplemente olvidé retirarla de la compu, y cómo hablar del tema sin imágenes de respaldo y el texto de los personajes de principios del siglo XVI que también había guardado en el dispositivo. Me orillé, me estacioné y le marqué a Graciela, mi coordinadora de carrera, le pedí que por favor avisara a mi grupo que me esperaran y regresé a mi casa a recoger el pequeño objeto olvidado con el temor de que los muchachos ya no estuvieran. Los minutos se me hicieron eternos, pero al fin entré al salón: estaba lleno. Ya con el proyector funcionando, los alumnos fueron leyendo párrafos del texto e hicieron preguntas sobre las imágenes. Frente a mí, con cuatro décadas en la docencia sucedía el milagro cotidiano que no siempre sucede, treinta jóvenes seguían el tema, tomaban notas, preguntaban, había algo de ritual, de magia, de misterio. Una vez más se cerraba el telón.

II

Regreso a mi casa, me esmero en poner la mesa,  tengo invitados. Mi hijo mayor, su esposa y Jhs mi pequeño nieto. Toda la comida es a base de pescado: el ceviche que hacía mi mamá, los filetes al ajo con pimiento morrón y, como adorno, las acelgas de Amealco 100%UAQ apenas pasadas en agua hirviendo. Me divierto un poco jugando con los colores, verde, rojo, amarillo, blanco, el gran platón se ve espectacular cuándo lo llevo a la mesa y más alegría me da como mamá cocinera que los platones y platoncitos regresen vacios a la cocina. Antes de comer hubo “un buen rato” de plática, de mi hija que por ahora vive al otro lado del Atlántico, de las niñas que adoran al tío Turko, mi hijo mayor, al terminar de comer creo que todos estábamos con buen ánimo.

El resto de la tarde nos quedamos Jimena mi nuera, mi nieto y yo. Jhs tiene un año pasadito pero es grande, fuerte y risueño. Como es un niño inquieto mueve las pequeñas sillas y bancos que encuentra, coge las galletas, los colores, en un momento recorre toda la casa que es pequeña. Mientras platicamos Jimena, con una habilidad manual que yo no tengo, como si no estuviera haciendo nada, me ayuda a arreglar unos cestos que necesito llevar para el cumpleaños 70 de mi hermana Mimí, Nohemí, esa hija que soñó mi papá aun antes de casarse. Esa hija que fue una madre para mi mamá cuando ella andaba queriendo cumplir 100 años.

Disfruto mucho esas tardes sin prisa, de plática, de juego, de nietas, de nieto, de ver cómo cambia el cielo al ponerse el sol. Las prisas de la mañana han quedado atrás, ya no existen, sólo el buen sabor de boca al recrear las vivencias con mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis nietos, mis amigos, mis maestros, mis alumnos-hijos… al recrear las letras.

guayus@hotmail.com