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Viajeras de Ítaca – Una larga mirada de medio siglo

  • Guadalupe Mendoza Alcocer

Dedico esta reflexión, puñado de recuerdos, a Pepín Quiapini

y a otros tantos compañeros que se nos adelantaron.

A los que sobrevivimos.

Que absurda manía tiene el hombre de medir el tiempo, cuantas estrellas están a miles de años Luz y nuestros ojos las perciben en la obscuridad de la noche. Si consideramos el poblamiento de América aceptando el paso del hombre asiático por el estrecho de Bering, entonces nos referimos a la última glaciación y hablamos de un período mayor a 14, 000 años. El cómputo del tiempo determinado por el mundo occidental indica AC (antes de Cristo) y DC (después de Cristo). La Revolución Francesa de 1789 y la novela Un Mundo Feliz de Aldoux Huxley proponían otro cómputo del tiempo y sin embargo hoy puedo fechar este escrito señalando el 1º de abril de 2017.

Los mexicanos hemos designado este año 2017 como el del Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El 5 de febrero de 1967 nuestra Carta Magna cumplía 50 años, la sede del festejo: el Teatro de la República, apenas a unas cuadras al oriente del histórico recinto, un poco más de trescientos estudiantes iniciaban su preparatoria, ahora con la modalidad de tres años. Los estudiantes de nuevo ingreso quedaron repartidos en ocho grupos. Los jóvenes entre 15 y 20 años pisaban las aulas del Edificio Mondragón donde se ubicaba la Rectoría y alojaba principalmente a la Escuela de Ingeniería. Muchas otras clases las tomaban en los salones recién construidos de arquitectura “moderna” de calidad dudosa, a los que toda la universidad conocía como las perreras. El gran desnivel al lado norte abría paso a las canchas de foot ball donde “los lobos” y otros equipos hicieron hazañas heroicas acompañados por sus bellas madrinas.

Retomando el tema “la edición del tiempo” encuentro un poema de Renato Leduc, musicalizado por varias de las grandes voces mexicanas y que es del dominio público: SABIA VIRTUD DE CONOCER EL TIEMPO; A TIEMPO AMAR, Y DESATARSE A TIEMPO; COMO DICE EL REFRÁN “DAR TIEMPO AL TIEMPO”; QUE DE AMOR Y DOLOR, ALIVIA EL TIEMPO. El poema completo es sabio, hermoso, reconfortante como toda la poesía misma de Leduc.

Renglones arriba hablamos de esa primera generación de tres años, generación que vivió la muerte de Robert F Kennedy, el Movimiento del 68, los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, DIaz Odaz y Echeverria haciendo declaraciones a diario y poco antes de salir de la prepa, en julio de 1969, la generación se unió al entusiasmo mundial del primer hombre que puso un pie en la luna. Estos hechos insólitos, más la vivencia de la cotidianeidad permitió a nuestra generación 67-69 que las muestras de amistad y camaradería calaran hondo. Muchos compañeros continuaron en nuestra Alma Mater, bajo el lema “Educo en la Verdad y en el Honor”, los más numerosos a Ingeniería, otros a Química, a ‘Conta’ o a Administración, otros muchos siguieron por diversos caminos: la UNAM, la UAG, el POLI. Para algunos la geografía fue su aliada, Querétaro la gran casa común, otros perdieron totalmente el contacto con el grupo.

Esta primavera del 17 algunos compañeros tomaron la iniciativa para celebrar los cincuenta años de nuestro ingreso en la UAQ: Javier Meré, David Lugo, Max, convocaron a desayunos, cafés, revisaron listas en la Gaceta Prepa, consiguieron teléfonos, multiplicaron los contactos, dieron anticipos, finalmente hoy 1º de abril fuimos llegando al Molinito en Santa Bárbara; al principio se formaron los grupitos de los viejos conocidos, luego se rompieron para integrar a otros viejos conocidos que fueron reconociendo. En este grupo después de cincuenta años encontramos de todas profesiones: muchos ingenieros, médicos, contadores, administradores, arquitectos, doctores en Hidráulica y Mecánica de suelos. Compañeros que incursionaron en la política y otros a su propio negocio. La tarde fue obscureciendo y un sentimiento general se percibía, el de encontrarnos pronto, otra vez, ahora ya no se trata de contar el tiempo, se trata de hacer al tiempo cómplice y hacer que este encuentro se repita y vernos una vez más.