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Viajeras de Ítaca – Zygmunt Bauman y el Estado de crisis

  • Levy Barragán

‘Modernidad líquida’ es una de las estampas que el sociólogo Zygmunt Bauman nos deja como legado tras su fallecimiento, y en este inestable estado de las cosas se inscriben las relaciones humanas y un Estado en crisis que se ha quedado en la orfandad del poder económico que por mucho tiempo fuera su mecenas. En el último ensayo que escribió con Carlo Bordoni, Estado en crisis, se plantea un escenario que ya nada tiene que ver con las coyunturas ni con las crisis tal como las conocía el mundo, pues lo que hoy se vive está sacudiendo las estructuras políticas, económicas y sociales para dar paso a la única gran certeza: la incertidumbre.

En escenarios anteriores donde las crisis eran el sello de la época, el Estado tenía dos privilegios: el poder político y el poder económico, binomio que ha dejado de serlo para dar paso a una escisión, cada vez más tajante, entre los dos poderes.

Tanto para Bauman como para Bordoni, la palabra crisis no es la adecuada para describir la transición actual en donde al Estado se le ha remitido a una función de gobernanza neoliberal que transfiere responsabilidades a la iniciativa privada, a los individuos y a la sociedad civil para dedicarse a administrar los escasos recursos que quedan y los numerosos conflictos sociales, resultantes de la desigualdad económica que está arrasando con la clase media.

De esta forma “Los vínculos entre el Estado y el ciudadano se debilitan, la sociedad pierde cohesión y se vuelve ‘líquida’ […] La pérdida de poder desemboca en un socavamiento de la política económica, lo que se refleja a su vez en los servicios sociales”. Lo que sigue es un Estado que ha dejado de ser garante del bienestar público y “se convierte en un parásito de la población, preocupado únicamente por su propia sobrevivencia: un parásito que cada vez exige más y más y da cada vez menos a cambio”.

En este contexto, las relaciones humanas se mueven en una lógica de moneda de cambio, producto destinado al consumo en un mercado donde impera la ley de la oferta y la demanda. Un satisfactor efímero que una vez consumido nos deja en una soledad instalada en arenas movedizas que en cada movimiento nos hunde más y más. El amor es también líquido y víctima de un consumismo rabioso que exige cada vez más y nuevas sensaciones que no terminan de satisfacer al Homo homini lupus, en el que nos hemos convertido.