/ miércoles 10 de julio de 2019

Al son de la rebeldía, Flor de Cardón

Como las flores de cardón en el hosco paisaje del semidesierto, se yerguen las voces de tres jaraneras locales. Se trata de Arlette Cabrera, Getsemaní Vite y Ollín Sánchez, quienes desde la raíz del son jarocho hasta la superficie de esta nueva época, rasguean las cuerdas de sus jaranas, buscando transformar el verso y las coplas de la tradición, hacia la equidad de género

Como las rebeldes flores de cardón en el hosco paisaje del semidesierto, se yerguen las voces de tres jaraneras locales. Se trata de Ollín Sánchez, Getsemaní Vite y Arlette Cabrera, quienes desde la raíz del son jarocho hasta la superficie de esta nueva época, rasguean las cuerdas de sus jaranas, buscando transformar el verso y las coplas de la tradición hacia la equidad de género.

“Amada Margarita dónde estás que no te veo/ Estoy en la cocina leyendo un libro nuevo/ Colás, Colás, Colás y Nicolás, lo mucho que te quiero y el mal trato que me das/

Si quieres, si puedes, si no ya lo verás que ahora no seré la mujer de Nicolás”, se escucha en “El Colás”; un tema tradicional de este género musical nacido en México a finales del siglo XVIII, que las soneras han retomado y modificado para reivindicar el papel de la mujer dentro de la sociedad mexicana.

A 64 años de que cientos de mexicanas se congregaran en torno a las urnas para emitir su voto por primera vez, las jaraneras se cuestionan: ¿qué tanto ha cambiado la condición social de las mujeres en el país, desde que fueron reconocidas como ciudadanas?

Getsemaní Vite es una joven laudera hidalguense que estudió en Querétaro, en la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes. / Miriam Martínez

“No sé si yo ahorita estaría aquí haciendo este trabajo de no haber ocurrido”, suelta Vite, una joven laudera hidalguense quien hace siete años eligió dejar atrás su tierra natal para estudiar en Querétaro en la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes. Hoy, además de ejercer esta profesión y contar con su propio taller, es promotora cultural de la música tradicional.

“En la escuela te enseñan a construir violines, violas, violonchelos… pero no jaranas”, lamenta Getsemaní, mientras pasea sus dedos sobre un instrumento cordófono sin cuerdas y a medio fabricar.

Cuenta que hace no mucho aprendió a elaborarlas y gracias a un beneficio recibido este año a través de la 12ª Convocatoria de Estímulos a la Creación Cultural de la Huasteca, junto a José Tavira se encaminó a Puebla para impartir el taller “Construcción de instrumentos de la huasteca”; donde como en otros rincones de la Huasteca, pese a contar con una importante tradición musical, la falta de instrumentos impide el continuo desarrollo o transmisión de esta expresión artística a las nuevas generaciones.

Y es que tanto para Vite como para Sánchez y Cabrera, el son jarocho es más que un género musical, es tradición, memoria y una plataforma cultural desde donde se pueden tejer lazos comunitarios y transformar la realidad social.

Son Flor de Cardón

Las tres jaraneras forman parte de Flor de Cardón, un colectivo de artistas locales que surgió a partir de que las soneras queretanas fueran convocadas en 2016 en la Casa del Faldón, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

A raíz de este encuentro, en Querétaro surgió “una red sociodigital a través de la que comenzamos a agruparnos y recocernos cuando todavía no lo hacíamos por tierra. Primero lo hicimos de manera anónima, pero poco a poco hemos ido sonando más fuerte y ahora somos cerca de 20 jaraneras de son jarocho y son huasteco”, aseguró Ollín, una antropóloga social tabasqueña egresada de la Universidad Autónoma de Querétaro, quien asevera que a través del son ha podido conectarse también con otras fibras culturales, además de trabajar en la promoción y difusión de lenguas indígenas como el náhuatl.

“Para nosotras el arte ha sido una herramienta y un estandarte para visibilizar las luchas sociales de otra forma; si bien hay compañeras que marchan, otras dan talleres y algunas compañeras trabajan desde la academia y en medios de comunicación, nosotras escogimos sumarnos a la lucha a través de la música y el arte (…) Por ello hemos virado el sentido de algunas letras tradicionales del son y las hemos hecho más incluyentes, incluso para nuestras niñas y niños con quienes tenemos una gran deuda histórica en cuando a la defensa de sus derechos”, apunta.

Además de pertenecer a Flor de Cardón, las soneras integran otros proyectos culturales y sociales como en el caso de Arlette; una docente de arte del municipio de Peñamiller, quien a través de Cuéntamelo cántamelo –colectivo multidisciplinario conformado por docentes e instrumentistas musicales, así como por maestros en artes escénicas–, busca difundir la música y la literatura mexicana y latinoamericana entre las generaciones más jóvenes.

Ollín Sánchez, Getsemaní Vite y Arlette Cabrera reinventan la tradición con un mensaje de empoderamiento femenino. / Donna Oliveros

Primer encuentro de mujeres que luchan

El 29 de junio pasado diferentes colectivos se reunieron en la ciudad para dar lugar al Primer Encuentro de Mujeres que Luchan, el cual fue convocado por la Red de Mujeres en Resistencia y Rebeldía en Querétaro, con el objetivo de establecer lazos colaborativos entre las diferentes organizaciones y conocer sus iniciativas culturales, artísticas y de autocuidado.

A esta jornada Flor de Cardón llevó sus coplas y tonadas, para demostrar que las mujeres también están en la música y en las expresiones tradicionales como el son jarocho, donde “hemos encontrado formas para comunicarnos entre nosotras, resignificando versos de algunas de las canciones de este género, en una disidencia pacífica y amigable; buscando siempre ir más allá del contenido lírico convencional, pues nosotras hablamos de mujeres que forjan su propio lugar en el espacio”, detalla Ollín.

Lauderas llegan a las comunidades para enseñar a los jóvenes los sones, además de cómo fabricar los instrumentos. / Cortesía

Invitan al rasgueo de las jaranas

Temas tradicionales como El agua nieve, La bamba, El colás, La guacamaya y El siquisirí, han sido reapropiados y modificados por estas soneras, quienes no solo invitan a las demás mujeres a zapatear en el fandango, sino también a unirse al canto y el rasgueo de las jaranas.

“En la música jarocha se acostumbra a que, si tú llegas a un fandango o a una fiesta, puedes tocar si quieres (…) todo mundo puede entrar; es decir, tu no eres discriminado si no sabes tocar o no lo haces bien, de hecho en el toquín puedes ir aprendiendo con los demás (…) El son genera comunidad, integra y siempre te hace sentir parte de algo”, agrega la antropóloga.

Esa misma naturaleza de la tradición jarocha permite regenerar el tejido social y establecer vínculos de identidad, asegura la tabasqueña, “sobre todo con el clima de violencia actual que ha afectado a muchas mujeres de todo país”, afirma Ollín, destacando que hoy, más del 50% de las mexicanas mayores de 15 años, han sufrido a lo largo de su vida, por lo menos algún tipo de violencia, según cifras de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2016).

Además de música los cuentos son parte de la tradición oral que refuerza las raíces de estas jaraneras. / Cortesía

“De acuerdo con la ENDIREH, actualmente Querétaro se encuentra entre los primeros lugares de violencia hacia las mujeres en el espacio laboral o espacios públicos (…)

Es una alarma que no se atiende y particularmente en el estado siempre se mantiene bajo la alfombra. Hace poco supimos que nuestros gobernadores son los mejores calificados a nivel nacional, que la entidad se encuentra entre los estados más felices y al mismo tiempo, mantiene los índices más altos de alcoholismo y embarazos de menores; adolescentes y niñas cuyo embarazo generalmente tiene que ver con casos de abuso sexual”, lamenta.

Por esta razón, al menos una vez al año, en el Día Internacional de la Mujer, o de manera esporádica en eventos culturales y artísticos, se congregan las soneras de Flor de cardón, para reivindicar el papel de las mujeres en la sociedad, a través del firme rasgueo de sus jaranas y la armonía de sus tonadas.

Como las rebeldes flores de cardón en el hosco paisaje del semidesierto, se yerguen las voces de tres jaraneras locales. Se trata de Ollín Sánchez, Getsemaní Vite y Arlette Cabrera, quienes desde la raíz del son jarocho hasta la superficie de esta nueva época, rasguean las cuerdas de sus jaranas, buscando transformar el verso y las coplas de la tradición hacia la equidad de género.

“Amada Margarita dónde estás que no te veo/ Estoy en la cocina leyendo un libro nuevo/ Colás, Colás, Colás y Nicolás, lo mucho que te quiero y el mal trato que me das/

Si quieres, si puedes, si no ya lo verás que ahora no seré la mujer de Nicolás”, se escucha en “El Colás”; un tema tradicional de este género musical nacido en México a finales del siglo XVIII, que las soneras han retomado y modificado para reivindicar el papel de la mujer dentro de la sociedad mexicana.

A 64 años de que cientos de mexicanas se congregaran en torno a las urnas para emitir su voto por primera vez, las jaraneras se cuestionan: ¿qué tanto ha cambiado la condición social de las mujeres en el país, desde que fueron reconocidas como ciudadanas?

Getsemaní Vite es una joven laudera hidalguense que estudió en Querétaro, en la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes. / Miriam Martínez

“No sé si yo ahorita estaría aquí haciendo este trabajo de no haber ocurrido”, suelta Vite, una joven laudera hidalguense quien hace siete años eligió dejar atrás su tierra natal para estudiar en Querétaro en la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes. Hoy, además de ejercer esta profesión y contar con su propio taller, es promotora cultural de la música tradicional.

“En la escuela te enseñan a construir violines, violas, violonchelos… pero no jaranas”, lamenta Getsemaní, mientras pasea sus dedos sobre un instrumento cordófono sin cuerdas y a medio fabricar.

Cuenta que hace no mucho aprendió a elaborarlas y gracias a un beneficio recibido este año a través de la 12ª Convocatoria de Estímulos a la Creación Cultural de la Huasteca, junto a José Tavira se encaminó a Puebla para impartir el taller “Construcción de instrumentos de la huasteca”; donde como en otros rincones de la Huasteca, pese a contar con una importante tradición musical, la falta de instrumentos impide el continuo desarrollo o transmisión de esta expresión artística a las nuevas generaciones.

Y es que tanto para Vite como para Sánchez y Cabrera, el son jarocho es más que un género musical, es tradición, memoria y una plataforma cultural desde donde se pueden tejer lazos comunitarios y transformar la realidad social.

Son Flor de Cardón

Las tres jaraneras forman parte de Flor de Cardón, un colectivo de artistas locales que surgió a partir de que las soneras queretanas fueran convocadas en 2016 en la Casa del Faldón, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

A raíz de este encuentro, en Querétaro surgió “una red sociodigital a través de la que comenzamos a agruparnos y recocernos cuando todavía no lo hacíamos por tierra. Primero lo hicimos de manera anónima, pero poco a poco hemos ido sonando más fuerte y ahora somos cerca de 20 jaraneras de son jarocho y son huasteco”, aseguró Ollín, una antropóloga social tabasqueña egresada de la Universidad Autónoma de Querétaro, quien asevera que a través del son ha podido conectarse también con otras fibras culturales, además de trabajar en la promoción y difusión de lenguas indígenas como el náhuatl.

“Para nosotras el arte ha sido una herramienta y un estandarte para visibilizar las luchas sociales de otra forma; si bien hay compañeras que marchan, otras dan talleres y algunas compañeras trabajan desde la academia y en medios de comunicación, nosotras escogimos sumarnos a la lucha a través de la música y el arte (…) Por ello hemos virado el sentido de algunas letras tradicionales del son y las hemos hecho más incluyentes, incluso para nuestras niñas y niños con quienes tenemos una gran deuda histórica en cuando a la defensa de sus derechos”, apunta.

Además de pertenecer a Flor de Cardón, las soneras integran otros proyectos culturales y sociales como en el caso de Arlette; una docente de arte del municipio de Peñamiller, quien a través de Cuéntamelo cántamelo –colectivo multidisciplinario conformado por docentes e instrumentistas musicales, así como por maestros en artes escénicas–, busca difundir la música y la literatura mexicana y latinoamericana entre las generaciones más jóvenes.

Ollín Sánchez, Getsemaní Vite y Arlette Cabrera reinventan la tradición con un mensaje de empoderamiento femenino. / Donna Oliveros

Primer encuentro de mujeres que luchan

El 29 de junio pasado diferentes colectivos se reunieron en la ciudad para dar lugar al Primer Encuentro de Mujeres que Luchan, el cual fue convocado por la Red de Mujeres en Resistencia y Rebeldía en Querétaro, con el objetivo de establecer lazos colaborativos entre las diferentes organizaciones y conocer sus iniciativas culturales, artísticas y de autocuidado.

A esta jornada Flor de Cardón llevó sus coplas y tonadas, para demostrar que las mujeres también están en la música y en las expresiones tradicionales como el son jarocho, donde “hemos encontrado formas para comunicarnos entre nosotras, resignificando versos de algunas de las canciones de este género, en una disidencia pacífica y amigable; buscando siempre ir más allá del contenido lírico convencional, pues nosotras hablamos de mujeres que forjan su propio lugar en el espacio”, detalla Ollín.

Lauderas llegan a las comunidades para enseñar a los jóvenes los sones, además de cómo fabricar los instrumentos. / Cortesía

Invitan al rasgueo de las jaranas

Temas tradicionales como El agua nieve, La bamba, El colás, La guacamaya y El siquisirí, han sido reapropiados y modificados por estas soneras, quienes no solo invitan a las demás mujeres a zapatear en el fandango, sino también a unirse al canto y el rasgueo de las jaranas.

“En la música jarocha se acostumbra a que, si tú llegas a un fandango o a una fiesta, puedes tocar si quieres (…) todo mundo puede entrar; es decir, tu no eres discriminado si no sabes tocar o no lo haces bien, de hecho en el toquín puedes ir aprendiendo con los demás (…) El son genera comunidad, integra y siempre te hace sentir parte de algo”, agrega la antropóloga.

Esa misma naturaleza de la tradición jarocha permite regenerar el tejido social y establecer vínculos de identidad, asegura la tabasqueña, “sobre todo con el clima de violencia actual que ha afectado a muchas mujeres de todo país”, afirma Ollín, destacando que hoy, más del 50% de las mexicanas mayores de 15 años, han sufrido a lo largo de su vida, por lo menos algún tipo de violencia, según cifras de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2016).

Además de música los cuentos son parte de la tradición oral que refuerza las raíces de estas jaraneras. / Cortesía

“De acuerdo con la ENDIREH, actualmente Querétaro se encuentra entre los primeros lugares de violencia hacia las mujeres en el espacio laboral o espacios públicos (…)

Es una alarma que no se atiende y particularmente en el estado siempre se mantiene bajo la alfombra. Hace poco supimos que nuestros gobernadores son los mejores calificados a nivel nacional, que la entidad se encuentra entre los estados más felices y al mismo tiempo, mantiene los índices más altos de alcoholismo y embarazos de menores; adolescentes y niñas cuyo embarazo generalmente tiene que ver con casos de abuso sexual”, lamenta.

Por esta razón, al menos una vez al año, en el Día Internacional de la Mujer, o de manera esporádica en eventos culturales y artísticos, se congregan las soneras de Flor de cardón, para reivindicar el papel de las mujeres en la sociedad, a través del firme rasgueo de sus jaranas y la armonía de sus tonadas.

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